La multitud que acompañó a Franco Colapinto en Palermo no dejó solamente una postal impactante para el automovilismo argentino.
Miguel Ángel Guerra: "¿Qué va a pasar cuando Colapinto tenga un resultado?"
El ex piloto argentino de Fórmula 1 analizó la dimensión popular del fenómeno Colapinto: su simpleza, el impacto en los jóvenes, el poder de las redes y el sueño de que la Máxima vuelva al país.


También abrió una pregunta que empieza a repetirse entre quienes conocen de cerca el deporte motor: si este fenómeno ya moviliza a cientos de miles de personas sin un podio ni una victoria en Fórmula 1, ¿qué puede pasar el día en que llegue un gran resultado?
Miguel Ángel Guerra, ex piloto argentino de Fórmula 1, lo resumió con una frase fuerte en diálogo con El Litoral: “Estoy sorprendido por lo que Franco mueve. ¿Qué va a pasar cuando tenga un resultado? Se va a mover más de lo que mueve la Selección argentina. Es un fenómeno impensado en la Argentina”.

Para Guerra, la explicación no está únicamente en la presencia de un argentino dentro de la Fórmula 1. Hay algo más profundo en la relación que Colapinto construyó con el público: su simpleza, su carisma y el contacto directo con la gente. “Él siempre lo retribuye. Eso es un feeling que tiene con el público argentino”, sostuvo.
Ese vínculo quedó expuesto durante el road show en Buenos Aires, donde el piloto manejó un Lotus E20 y también la máquina histórica vinculada a Juan Manuel Fangio.

El sonido del V8, los trompos, el humo y la multitud transformaron Palermo en una escena fierrera pocas veces vista. Pero, detrás del espectáculo, apareció una confirmación: Colapinto ya no convoca solo a fanáticos del automovilismo.
“Se alinearon los planetas”, analizó Guerra. Las redes sociales amplificaron su figura, las empresas encontraron un perfil atractivo y el público argentino abrazó a un piloto joven que llegó en el momento justo para despertar una pasión que parecía reservada a los fierreros de siempre.
En esa lectura, el fenómeno Colapinto incluso supera los moldes tradicionales del automovilismo argentino. Guerra recordó que Juan Manuel Fangio tuvo el respaldo del gobierno de Juan Domingo Perón y que Carlos Reutemann contó con el apoyo del automovilismo nacional de su época.
Sin embargo, marcó que lo de Franco tiene otra dimensión: “Hoy rompió la barrera del sonido. Este chico es mucho más de todo lo que apoyaron en esa época”.
Uno de los datos más llamativos del fenómeno es su llegada a los más chicos. Colapinto volvió a poner a la Fórmula 1 en la conversación cotidiana: en las casas, en los comercios, en las familias y entre generaciones que hasta hace poco miraban la categoría de lejos.

“Tengo nietos de un año y medio, de seis, que dicen Colapinto. Vas al almacén y te hablan de Colapinto. Es un fenómeno que gracias a Dios es argentino”, expresó Guerra.
El ex piloto también destacó la carga emocional de la jornada. Para muchos jóvenes, fue la primera vez escuchando de cerca un Fórmula 1. Para otros, fue reencontrarse con un sonido que hacía años no aparecía en la Argentina. “El sonido del V8 ese deja sordo. Espectacular. Hacía mucho que no lo sentíamos”, describió.
Análisis deportivo
Más allá de la euforia, Guerra también dejó una mirada deportiva sobre el presente de Colapinto en Alpine.
Reconoció que el argentino atraviesa un proceso de adaptación y que Pierre Gasly parece haber encontrado antes el funcionamiento del auto. Pero fue optimista respecto de lo que viene: “Estoy completamente seguro de que Franco le va a agarrar la mano”.
En ese análisis también cuestionó aspectos del reglamento actual de la Fórmula 1 y apuntó contra la FIA por no escuchar a los equipos.
Según Guerra, los dueños de escuderías ya habían advertido que ciertas normas podían complicar el espectáculo y el funcionamiento de los autos. “Son los tipos que tienen la sabiduría, la experiencia y la capacidad para opinar”, señaló.

El road show, además, dejó instalada otra discusión: la posibilidad de que la Fórmula 1 vuelva a la Argentina. Para Guerra, la imagen de una multitud ordenada, masiva y movilizada por Colapinto fue una señal imposible de ignorar. “La foto la vio el mundo”, afirmó.
En ese sentido, contó una charla con Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño.

“Le pregunté si tenía presupuesto. Me dijo que sí, que estaban trabajando. Entonces le dije: tenés presupuesto para dos autódromos. Por lo que hoy se ve, un autódromo va a ser solo para los argentinos y otro para los extranjeros”, relató, con tono de humor fierrero pero con una lectura de fondo: si la Máxima vuelve al país, el interés popular parece garantizado.
La posibilidades de entrara al calendario
Guerra reconoció que hay varios países haciendo fila para ingresar al calendario de la Fórmula 1, aunque imaginó una alternativa regional junto con Brasil para unificar costos y fortalecer una eventual candidatura sudamericana.

El domingo de Palermo dejó imágenes potentes: Colapinto saludando a la gente, el Lotus rugiendo, familias enteras siguiendo cada pasada y una ciudad convertida en pista. Pero también dejó una certeza: la Francomanía ya no es apenas entusiasmo. Es un fenómeno deportivo, popular y generacional.
Y como planteó Guerra, quizás lo más impactante todavía está por venir. Porque si Colapinto ya moviliza multitudes sin haber logrado aún un podio o una victoria en la Fórmula 1, la pregunta queda abierta: ¿qué pasará el día en que llegue el resultado?








