Pero la historia del gigante jugador se remota a principios de los novena, cuando con tan sólo cuatro años de edad “Fideo” empezaba a sacar a la luz su genio. “Un día iba hacia el club, pasé por su casa y lo vi haciendo jueguitos con la pelota en la calle de tierra. Me acerque, hablé con su madre y le pregunté si lo podía llevar a practicar. Me dijo que sí, pero que en realidad él ya lo estaba haciendo. Ahí me di cuenta que el flaquito entrenaba con los chicos más grandes, de categoría 1986, porque no había nenes de de su edad, división 1988”, recordó con lujo y detalle Tomé.