Cuando Franco Colapinto imagina la Fórmula 1 que le gustaría correr, aparecen los motores V8 y el ruido. También un deseo que repite durante la charla con El Litoral en San Pablo: que sea más simple.
La Fórmula 1 que quiere Colapinto: más ruido y menos complicaciones
Franco pide una categoría más simple de entender y un funcionamiento más consistente de los autos. “Los pilotos hoy en día tienen que ser ingenieros también”, sostiene.

“Creo que se volvió muy tecnológica y también se volvió muy difícil de entender”, dice.
Lo cuenta desde su trabajo de todos los días. Manejar es una parte. Después hay que sentarse con los ingenieros, revisar los datos y buscar por qué el auto respondió de una manera y no de otra. A veces, encontrar esa explicación lleva más de lo esperado.
“Hay muchas cosas para entender que prácticamente los pilotos hoy en día tienen que ser ingenieros también”, señala.

En su respuesta hay una preocupación por lo que pasa adentro del auto, pero también por quienes miran las carreras. La gestión de la energía y las variaciones en el rendimiento agregan preguntas que no siempre son fáciles de responder, ni siquiera para ellos.
“Hay mucho que leer, muchos datos que entender, que a veces lleva mucho tiempo llegar a una conclusión razonable”, explica.
Franco pone un ejemplo concreto: “Cuando decís que perdés seis décimas en una vuelta solamente en las rectas, es difícil encontrarle la lógica a eso”.
Que el desafío siga estando en manejar
La mención de los V8 trae el sonido a la conversación. Pero cuando desarrolla qué cambiaría, Colapinto se detiene en el funcionamiento de los autos y en la posibilidad de contar con respuestas más consistentes.
“Algo que sea más simple”, pide. Y enseguida aclara: “Obviamente no va a ser más fácil de manejar”.

Quiere conservar esa exigencia, con menos inconvenientes que condicionen una vuelta o una carrera. “Que no haya problemas que te hagan perder cinco décimas”, agrega, y recuerda lo ocurrido con George Russell en la largada de México.
Reconoce que hubo avances durante el año y confía en que el trabajo de la FIA y la Fórmula 1 ayude a resolver lo que todavía les cuesta comprender.
La charla también pasa por las banderas amarillas y los criterios para sancionar. Ahí prefiere detenerse: “Cada uno tendrá su opinión, pero no quiero hablar mucho de eso”.
Sobre los autos, en cambio, tiene bastante para decir. Entre tantas horas de lectura y análisis, Franco quiere que lo que siente al volante encuentre una explicación. Y que quienes lo siguen desde una tribuna o frente a una pantalla también puedan entender qué está pasando.








