Día 2 · 3 de noviembre de 2026
Rumbo a Interlagos: entre mates, paisajes y las ganas de llegar
El segundo día nos lleva de Vitorino a San Pablo, entre paisajes que invitan a mirar, noticias de Fórmula 1 y el cansancio de los últimos kilómetros. Cuando ya estamos cerca, una luz en el tablero nos pone en alerta.

Nos levantamos súper descansados en un hotel de ruta en Vitorino, cerca de Pato Branco. Pero antes de seguir, tengo que volver un ratito a la cena de anoche.
Llegamos tarde y encontramos pocas cosas abiertas. Queríamos comer algo rápido e irnos a dormir, así que terminamos en una estación de servicio cercana.
Por unos 17.000 pesos argentinos entre los dos, comimos dos sándwiches de pan de queso, un pinche de pollo y una salchicha empanada súper rica. El corazón y las arterias estaban luchando. Para acompañar, un agua saborizada y una guaraná, las dos sin azúcar. Algo había que cuidar, jajaja.
La otra sorpresa fue el precio del combustible. Antes de cruzar habíamos cargado diésel prémium del lado argentino a 2.700 pesos el litro. En esa estación de Brasil, haciendo la conversión, costaba unos 2.200. Nos habría salido más barato cargar de este lado. Lo anotamos para la vuelta.
Ahora sí, después de un desayuno bien brasileño, estamos listos para salir.
Con la luz del día vemos lo que anoche nos perdimos: los silos frente al hotel, las lagunas y los distintos verdes de la campiña brasileña. Nos quedamos un rato mirando.
En Vitorino también está la comunidad indígena Kaingang. Me da curiosidad y busco un poco más: es un pueblo originario del sur de Brasil, con lengua propia. Leo sobre sus reclamos por las tierras y sobre un taller en el que las mujeres compartieron sus conocimientos de artesanía con las nuevas generaciones. Llegamos buscando dónde comer y dormir, y terminamos conociendo un poquito del lugar.
Seguimos por la BR-280. El paisaje cambia del campo a la selva, entre ríos caudalosos, plantaciones de yerba mate y carteles que ofrecen pêssegos y morangos: duraznos y frutillas, para nosotros. La mañana está a pleno sol.
En los cerros aparecen árboles inmensos, con flores en las copas. No sé cómo se llaman, pero entre tanto verde esos colores llaman la atención. También me pregunto qué animales habrá en ese monte. ¿Habrá monos? Voy mirando desde la camioneta, a ver qué aparece.
En los carteles ya reconocemos algunas palabras: “borracharia”, las gomerías, y “lanchonete”, los lugares para comer algo al paso. En la radio suena música brasileña. Hacemos una parada y armamos el mate.

Antes de Curitiba pasamos por la BR-280, la BR-153 y la BR-476. En la BR-153 aparece el Iguazú. Inmenso. Vemos sectores desbordados y campos bajo el agua. Por momentos cuesta distinguir dónde termina el río y dónde empieza la tierra que quedó tapada.
Más adelante, las plantaciones de yerba y frutas dejan lugar a grandes extensiones de maíz y soja.
En la BR-476 aparece un nombre conocido: la yerba vinculada con la selección argentina. Una de sus plantas está en São Mateus do Sul. Busco el dato: Baldo es el apellido de la familia que dio origen a la empresa. Hasta acá nos encontramos con algo que nos lleva a casa, mientras seguimos con el mate a mano.

Cerca de las tres de la tarde paramos a almorzar. En la mesa hay carne, batata frita, salada y feijão com arroz: carne con papas fritas, ensalada y porotos con arroz. Nuestro portugués va mejorando. Entre los carteles y los menús, vamos practicando, jajaja. Otra vez nos sorprenden los precios al compararlos con los de Argentina.
La ruta está impecable y hay mucho movimiento de camiones. Cerca de la circunvalación de Curitiba, el tránsito se vuelve intenso: varios carriles, autos que circulan a distintas velocidades y camiones por todos lados. Hay que estar muy atentos.

Mientras tanto, el trabajo sigue. Voy leyendo las novedades de Rafael Câmara y Haas, lo que dice Franco Colapinto antes de Interlagos y las historias de Kimi Antonelli, ya campeón.
También me confirman la posibilidad de charlar con Franco en el media day del jueves. Para el sábado aparece otro encuentro: una cena con los demás periodistas y la gente de prensa de Alpine. ¿Estará Franco también? Todavía no sabemos, jajaja.
Entre mensajes y lo que voy escribiendo, dejamos atrás Curitiba y seguimos por la Rodovia Régis Bittencourt, la BR-116. Hasta que llega otro momento esperado: ¡cambiamos de estado! Salimos de Paraná y entramos en San Pablo.
La música también cambia. Suenan Sergio Denis, Valeria Lynch y después “Tu jardín con enanitos”, en la versión de Roze Oficial, Max Carra, Valen y Ramky en los Controles. También hay cumbia en este viaje.
Los últimos 200 kilómetros se hacen más lentos. Estamos cansados y tenemos ganas de llegar. La ruta se convierte en una autopista de varios carriles, con camiones de un tamaño infernal. Impresiona circular al lado de esos gigantes.
Las palmeras nos dan tema de conversación: hablamos de los palmitos, esos palmitos tan ricos. También vemos lugares que ya se están preparando para Navidad. Entre una charla y otra, seguimos pendientes de cuánto falta.
Y cuando el GPS marca apenas 50 minutos para llegar, con la bandera a cuadros cada vez más cerca en la pantalla, se prende la luz de check en el tablero. Esa lucecita amarilla que avisa que algo no está bien. Era lo último que queríamos ver.
Bajamos la velocidad y seguimos hasta una estación de servicio que el GPS señala a 8,5 kilómetros. Pensamos en el combustible que habíamos cargado, aunque no sabemos si tendrá algo que ver.

Esperamos un rato. Cuando volvemos a subir, la luz sigue encendida, pero la camioneta responde mejor y recupera algo de potencia. Seguimos. Ahora, además del GPS, miramos el tablero.
Finalmente, llegamos. Después de 2.200 kilómetros desde Santa Fe, estamos cansados, pero felices de estar en San Pablo, a poco de empezar otra cobertura.
Hoy miércoles toca un dia reponernos, aunque ya sabemos que tenemos una primera actividad: conocer el Instituto Ayrton Senna, creado por su familia en 1994 para abrir oportunidades a niños y jóvenes brasileños a través de la educación.
Me hace mucha ilusión esa visita. Después de tantos kilómetros hablando de carreras, vamos a conocer un poco más de lo que Ayrton dejó fuera de las pistas, el idolo de la Fórmula 1.








