Virginia Chiappero
La mamá que recorre 128 km para que ningún chico se quede sin figuritas
La vecina de Centeno contó que en su localidad no se consiguen sobres del álbum y que comenzó a traer paquetes desde Rafaela para su hijo Marco y otros chicos del pueblo. La iniciativa también se transformó en una experiencia de crecimiento para el niño.

En Centeno, una pequeña localidad santafesina del departamento San Martín, las figuritas del Mundial se volvieron un bien difícil de conseguir.
Ante esa situación, Candela Colautti comenzó a viajar hasta Rafaela, a 128 kilómetros, para comprar sobres para su hijo Marco. Lo que empezó como un gesto familiar terminó convirtiéndose en una pequeña movida barrial: ahora también trae figuritas para otros chicos del pueblo.
“Acá en Centeno no se consiguen, no hay figuritas directamente”, contó Candela.
La historia comenzó cuando le compraron el álbum a Marco y ella empezó a traerle algunos paquetes cada vez que viajaba. “Cuando viajaba, cada tanto le traía algunos paquetitos, hasta que un día me dijo: ‘Mami, ¿las puedo cambiar? Porque nadie tiene’. Entonces me dijo: ‘Traele a los nenes’”, relató.
De unos pocos sobres a cientos de paquetes
Candela recordó que todo se multiplicó casi sin darse cuenta. Primero, Marco le ofreció figuritas a un compañero y, al escuchar la conversación, otros padres empezaron a pedirle que también les trajera sobres desde Rafaela.

“Una vez salíamos de práctica y le dijimos a un nene, a Víctor: ‘¿Querés que mañana te traiga?’. Y se ve que escucharon varios padres y empezaron todos a mandarme: ‘¿Me traés figuritas?’”, contó.

En el primer viaje llevó una cantidad importante para repartir entre los chicos. “El primer viaje que hice traje 120 paquetitos”, señaló. Luego, la demanda siguió creciendo. “Después viajé a Rafaela y traje 130 paquetes para todo el pueblo, y ayer traje 250 paquetes”, detalló.
La mamá explicó que organiza los pedidos, separa los sobres por nombre y cantidad, y luego Marco se encarga de distribuirlos. “Yo los divido, les pongo los nombres y la cantidad, y después él va y los reparte”, contó.

A veces los lleva caminando o en bicicleta, y otras veces los chicos pasan por su casa a buscarlos. “Ya es como una casa donde se venden figuritas”, comentó entre risas.
Una experiencia que ayuda a crecer por encima del autismo
Candela contó que hasta el año pasado vivían en Rafaela, pero en febrero se mudaron a Centeno por una cuestión de organización familiar. La tranquilidad del pueblo también le permitió a Marco ganar autonomía.
Marco tiene autismo, y para su familia cada paso hacia la independencia representa un avance importante. Por eso, esta dinámica de repartir figuritas no solo lo entusiasma por el álbum, sino que también lo ayuda a desenvolverse socialmente.

“Lo hago por él, pero también porque él crece muchísimo con esto de desenvolverse, ir, golpear la puerta. Las habilidades sociales a él le costaban muchísimo, y con todo esto está re dado”, explicó Candela. Y agregó: “Él solo se va, golpea la puerta, da la figurita y vuelve”.
Lo que empezó como una búsqueda para completar el álbum se transformó en una experiencia compartida entre chicos y familias de Centeno. Candela viaja, compra los sobres, organiza los pedidos y Marco los reparte, generando vínculos, entusiasmo y momentos de intercambio en una localidad donde las figuritas no llegan fácilmente.







