Lewis Hamilton venía construyendo una de sus mejores vueltas del fin de semana. Los parciales indicaban que podía discutirle el primer puesto a Charles Leclerc y Kimi Antonelli, pero el intento terminó de la peor manera: una frenada al límite, el bloqueo de los neumáticos delanteros y el Ferrari contra las defensas de la última curva del Madring.
Hamilton chocó en Madrid y una decisión posterior encendió la polémica
El británico golpeó contra las defensas en la última curva cuando venía con parciales para pelear por el mejor tiempo. Con el Ferrari dañado, intentó regresar a boxes pese a las reiteradas indicaciones de su equipo para que detuviera el auto.

El accidente ocurrió cuando habían transcurrido poco más de 20 minutos de la tercera práctica del Gran Premio de España. El golpe no fue especialmente violento y Hamilton pudo volver a poner el auto en movimiento. Sin embargo, el problema comenzó después.
Parte del alerón delantero había quedado atrapada debajo del coche, mientras que el neumático delantero derecho estaba pinchado y prácticamente no giraba. Aun así, el siete veces campeón decidió intentar el regreso a boxes para evitar el abandono y conservar alguna posibilidad de volver a la pista.
Desde Ferrari entendieron que continuar podía provocar daños mucho mayores, especialmente en el piso, la suspensión y otros componentes del SF-26. La instrucción de su ingeniero de carrera, Carlo Santi, fue clara y se repitió por radio: debía detenerse en un lugar seguro.
Hamilton no lo hizo inmediatamente.
“Si puedo regresar, lo haré. Si no, me detendré de forma segura”, respondió el británico mientras avanzaba lentamente con el alerón debajo del auto y dejaba restos sobre el asfalto.
Finalmente tuvo que aceptar que no llegaría al garaje. Detuvo el Ferrari a la salida de la curva 14 y regresó a boxes como acompañante en una moto, mientras los auxiliares retiraban el auto y trabajaban sobre las protecciones dañadas.
Una decisión que despertó críticas
La insistencia de Hamilton por continuar generó cuestionamientos entre los aficionados y también entre algunos analistas. No sólo existía el riesgo de aumentar los daños del Ferrari: las piezas que se desprendían podían quedar sobre la pista y representar un peligro para los demás pilotos.
La escena mostró, al mismo tiempo, el instinto de un campeón que no quería dar por perdida la práctica. Hamilton sabía que se trataba de la última oportunidad para probar el neumático blando antes de la clasificación y que cada vuelta era importante en un circuito completamente nuevo.

Pero esta vez el deseo de salvar la sesión pareció imponerse durante algunos segundos a la lectura del equipo, que contaba con más información sobre el estado real del monoplaza.
La bandera roja se extendió durante más de 20 minutos. Debido a la demora en la reparación de las defensas, Dirección de Carrera decidió detener el reloj cuando quedaban 15 minutos y 38 segundos para el final. La actividad pudo reanudarse, aunque ya sin Hamilton.
Una vuelta que podía cambiar su mañana
El accidente resultó todavía más frustrante porque el británico venía mejorando. Sus parciales lo colocaban en condiciones de luchar por los primeros puestos, pero nunca pudo completar esa vuelta.

A pesar del golpe y de no participar en el tramo final, Hamilton terminó noveno con el registro que había marcado anteriormente. Antonelli fue el más rápido con Mercedes, seguido por Leclerc, Oscar Piastri, Lando Norris y Max Verstappen.
Ahora Ferrari deberá revisar y reparar el auto antes de la clasificación, prevista para las 11 de Argentina. Los daños más evidentes se concentraron en el alerón, el morro y el sector delantero, por lo que inicialmente su participación no parecía estar comprometida.
Hamilton había disfrutado de un comienzo prometedor en Madrid y se encontraba entre los pilotos con posibilidades de discutirle el dominio a Mercedes. La última práctica, sin embargo, terminó con el Ferrari detenido al costado de la pista y una conversación por radio que dejó expuesta la tensión de esos segundos en los que el piloto quiso seguir y el equipo entendió que ya era momento de parar.
En un circuito que castiga cualquier error, Hamilton descubrió el límite de Madring. Después del golpe, también cruzó otro límite: el de cuánto conviene insistir cuando el auto ya está pidiendo detenerse.








