Para María Jazmín Ichiki, estos Juegos Suramericanos tienen un significado especial. No sólo porque representan su primera experiencia en una competencia de este nivel, sino también porque obtuvo la medalla de plata como local, con familiares, amigos y público argentino alentando desde las tribunas.
Con medalla de Plata, María Jazmín Ichiki vive su primera experiencia con el karate en los Juegos Suramericanos
La argentina, que compite en kumite hasta 61 kilos, contó cómo trabaja la presión de representar al país ante su gente. Su vínculo con la disciplina comenzó a los 10 años, de la mano de su padre.

“Estoy muy contenta, son mis primeros Juegos Suramericanos”, contó después de su participación. La alegría convive con una sensación que reconoce desde el comienzo: la presión de competir en casa.
“Un poco de presión por ser locales, pero esa presión siempre se vive”, agregó. Sin embargo, lejos de dejar que esa situación condicione su desempeño, Ichiki trabaja para transformarla en concentración y energía positiva.
Respirar y enfocarse
La karateca contó que una de las herramientas que utiliza para manejar esos momentos es el trabajo psicológico. “A veces te puede jugar en contra. Yo vengo trabajando con mi psicólogo, así que traté de respirar y enfocarme en lo que es lo mío”, sostuvo.

En sus primeros Juegos Suramericanos, también encontró un escenario que respondió a lo que imaginaba antes de la competencia. “Me imaginaba la gente alentando, apoyando”, contó, además de destacar la organización del evento.
Una pasión que viene de familia
La historia de Ichiki con el karate comenzó cuando tenía apenas 10 años. La disciplina ya formaba parte de su familia: su papá había practicado karate cuando era joven y fue quien la acercó a este deporte. “Es como una herencia, digamos. La pasión está ahí en la familia”, señaló.
De chica comenzó a entrenar y encontró en el karate una disciplina que con el tiempo se convirtió en mucho más que una actividad deportiva. A los 13 años tuvo un parate por motivos personales y volvió a los 20, ya de adulta, para retomar un camino que hoy continúa con la Selección Argentina.

“Me gusta la disciplina, el respeto, todos los valores que tiene el deporte en sí”, añadió. Para Ichiki, esos aprendizajes también forman parte de su identidad: “me hace la persona que soy hoy”.
En Santa Fe, la karateca argentina transita así una experiencia que combina el desafío deportivo con una historia personal marcada por la familia, la perseverancia y una pasión que encontró de niña y volvió a elegir de grande.
La karateca brasileña Nathalia Moraes y un corazón que ya quedó en Rosario
Mientrs, para Nathalia Moraes, los Juegos Suramericanos representan mucho más que una competencia. La brasileña atraviesa en Rosario su primera experiencia en un evento del ciclo olímpico y reconoce que la presión y las emociones forman parte de un aprendizaje que va mucho más allá del resultado.
“Es una experiencia increíble para mí. Es mi primera vez acá compitiendo en una competencia del ciclo olímpico, entonces estoy muy feliz”, contó.
La felicidad, sin embargo, convive con cierta frustración. Moraes quería estar en la final y reconoció que algunos de sus combates no salieron como esperaba. “Me gustaría mucho estar en la final, pero en algunos combates fue complicado. Fueron buenas peleas, pero salgo con el sentimiento de que podría estar más lejos”, sostuvo.
Por decisión familiar
Nathalia comenzó a practicar karate a los 7 años. La elección tuvo un origen familiar: mientras ella disfrutaba bailar, su papá quería que practicara un deporte que también le brindara herramientas de defensa personal.
“Empecé karate a los 7 años de edad y entonces las competencias me dieron muchas ganas para continuar en el deporte”, recordó. Ya lleva 15 años vinculada a la disciplina y habla de ella con una pasión que se nota incluso cuando describe los momentos más difíciles.

Para Moraes, uno de los mayores atractivos está justamente en todo lo que sucede alrededor de una competencia: la emoción, la resiliencia y la posibilidad de aprender después de cada resultado.
“Creo que la emoción de la competencia, tu resiliencia, superación que tienes que tener en la rutina y la capacidad de saber que, mismo cuando pierdas o ganas, tienes que aprender”, explicó. Y hay algo que considera fundamental: el respeto por quien está enfrente. “Saber lidiar con estas cosas es muy importante en el deporte y en la vida”, agregó.
Mantenerse de pie
Cuando le preguntaron qué es lo más difícil del karate, su respuesta fue inmediata: perder. Pero enseguida amplió el concepto. Para ella, el verdadero desafío está en mantenerse de pie después de una derrota y encontrar nuevamente la motivación para seguir entrenando.
“Creo que la parte más difícil es mantener la cabeza erguida independientemente del resultado”, explicó. La motivación, además, no siempre aparece de la misma manera. “No siempre vas a estar motivado, con ganas de entrenar, de seguir, pero si tienes tu objetivo claro en tu mente, continúas mismo sin voluntad, con dolor, mal o bien”, reflexionó.
Esa mirada forma parte de su manera de entender el karate: competir, aprender y seguir adelante, incluso cuando las cosas no salen como esperaba.
Su encanto por Rosario
Más allá del tatami, Moraes contó que está disfrutando cada momento de su estadía. Destacó especialmente el ambiente de la Villa Suramericana y la manera en que fue recibida. “Estoy viviendo mucho, aprovechando cada segundo acá. Estoy muy feliz”, afirmó.
También valoró la atención que recibió en la Villa: “todos son muy tranquilos, muy atentos para ayudarnos. Entonces estoy muy feliz, me siento muy bien acá”. Y dejó una frase que resume cómo está viviendo estos Juegos: “Rosario tiene mi corazón ahora”.








