Delante de Max Verstappen había cien karts. Cien pilotos, cien cascos y una fila que parecía no terminar nunca. Él estaba detrás de todos, en el puesto 101, y mientras caminaba hacia su lugar en la grilla comenzó a comprender la verdadera dimensión del reto.
Verstappen necesitó enfrentar a 100 pilotos para conseguir su primera victoria del año
Max largó último, superó a cien pilotos y consiguió su primera victoria de 2026. Al parecer, el secreto era volver por un día al karting.

“Es un camino muy largo”, reconoció con una sonrisa.
El desafío parecía pensado para colocarlo en problemas. Verstappen debía superar a cada uno de sus rivales antes de completar 30 vueltas o alcanzar los 75 minutos. Cada piloto adelantado quedaría automáticamente eliminado. Sus adversarios, además, podían utilizar un atajo para defenderse y habían recibido preparación durante los días anteriores.
Había creadores de contenido, deportistas, periodistas, trabajadores de Red Bull y aficionados llegados desde distintos lugares del mundo. No eran profesionales de la Fórmula 1, pero tenían algo a su favor: eran cien y Max solamente uno.
La prueba, denominada “Max vs. 100”, se disputó sobre un trazado temporal de 2,5 kilómetros construido en Silverstone. El dibujo combinaba el kartódromo con algunos sectores del circuito británico de Fórmula 1. Verstappen apenas había realizado tres o cuatro vueltas para conocerlo.
Cuando se encendieron las luces, comenzó a balancearse dentro del kart para tomar impulso. Era uno de esos movimientos que parecen pequeños hasta que los realiza alguien que pasó buena parte de su infancia buscando cualquier centímetro de ventaja.
La largada fue exactamente lo que todos imaginaban: un caos.
Ciento un karts intentaron llegar juntos a la primera curva. Algunos se tocaron, otros quedaron cruzados y varios buscaron un espacio que ya no existía. Verstappen eligió líneas distintas, pasó por el césped cuando fue necesario y consiguió escapar de cada incidente.

Mientras los demás intentaban sobrevivir, él avanzaba.
Al terminar la primera vuelta había superado a 64 participantes. Había largado 101° y ya se encontraba 37°. Cuando su equipo le comunicó el dato por radio, respondió con la tranquilidad de quien acababa de atravesar un embotellamiento imposible: “No fue una mala primera vuelta”.
Aquello que debía ser una persecución larga comenzó a transformarse en una exhibición.
En la cuarta vuelta ya estaba 25°. En la sexta ingresó entre los diez primeros y, apenas un giro después, apareció en la quinta posición. La pista se iba quedando vacía detrás de él y cada nuevo adelantamiento significaba otro participante eliminado.
Verstappen no necesitaba esperar demasiado. Frenaba más tarde, encontraba líneas que los demás no utilizaban y detectaba espacios antes de que terminaran de abrirse. Su mejor vuelta fue de 2 minutos, 20 segundos y 673 milésimas, más de 2,6 segundos más rápida que la del mejor de sus perseguidores.

En promedio, adelantó a un rival cada 21 segundos.
Cuando solamente quedaban tres karts por delante, los organizadores intentaron prolongar el desafío. El periodista neerlandés Jacky Martens, el técnico de Red Bull Powertrains Lewis Osler y el creador de contenidos Zac Alsop recibieron una nueva posibilidad de utilizar el atajo.
No alcanzó.
Verstappen llegó hasta ellos con la paciencia de quien sabe que la carrera ya comenzó a pertenecerle. Superó a Alsop y Osler en una misma maniobra y luego fue por Martens, el último sobreviviente. Lo adelantó en la curva final y completó la misión.
Habían transcurrido solamente 14 vueltas y 35 minutos. No necesitó llegar siquiera a la mitad de la distancia prevista.
Detrás de los números apareció una explicación todavía más interesante. David Terrien, diseñador del circuito y director de la carrera, revisó las imágenes de la largada junto a uno de los ingenieros de Verstappen. Ambos observaron que Max no reaccionaba cuando el espacio ya estaba disponible: comenzaba a moverse antes.

“Ve algo que nosotros no vemos”, resumió Terrien.
Allí estuvo la verdadera diferencia. No solamente en la velocidad, sino en la capacidad de imaginar lo que iba a suceder unos metros más adelante. Donde los demás veían una fila de karts, él encontraba un recorrido. Donde parecía que no había lugar, anticipaba el hueco que estaba por aparecer.
Verstappen regresó por un día al lugar donde comenzó su historia. Antes de los títulos, los grandes premios, los contratos y la exposición mundial, estuvieron los karts. Allí aprendió a competir y también a sentir un vehículo sin depender de demasiadas explicaciones.
“Pilotar un kart me salió de forma muy natural”, contó después de la prueba. También admitió que durante los primeros metros debió ser prudente, aunque terminó disfrutando el desorden que se formaba a su alrededor.
Pocos días antes había terminado segundo en el Gran Premio de España, pero todavía no había ganado una carrera de Fórmula 1 durante la temporada. Por eso, cuando le preguntaron qué lugar ocuparía aquel trofeo entre tantos conseguidos en la máxima categoría, Max encontró la frase perfecta para cerrar aquella tarde.

“Es mi primera victoria del año, así que me la quedo”.
La frase provocó risas, pero también describió lo que había ocurrido en Silverstone. Max volvió a competir sin cálculos complejos ni estrategias interminables. Tuvo cien rivales por delante, una pista llena de obstáculos y la obligación de improvisar en cada curva.
Red Bull quiso comprobar cuánto tardaría en superar a cien pilotos. La respuesta fue 35 minutos.
Cuando todo terminó, Verstappen ya estaba pensando en repetirlo. La próxima vez, propuso, podrían ser 200.








