Comer empanadas o un choripán bien argentino, estando tan lejos, es un verdadero lujo. Por eso, en “Argentina 163”, un restaurante con típicas costumbres nuestras, El Litoral pudo observar la primera gran demostración que hizo la hinchada argentina en Dallas, con un banderazo que fue sumando gente a medida que transcurría una tarde a pleno sol, calurosa y húmeda en esta Dallas que aguarda la invasión celeste y blanca en los días que se vienen.
En esta Dallas calurosa, los argentinos meten banderazos y salta la térmica
La primera concentración se hizo en “Argentina 163”, un restaurante en el que se pueden comer empanadas y choripanes como si estuviese en cualquier esquina de Santa Fe.


Tampoco los santafesinos faltaron a la cita. Mariano nació en Santa Clara de Saguier, estudió ingeniería química en Santa Fe y vive en Campana. “Simpatizo con Colón, pero me hice hincha de Villa Dálmine”, cuenta, a la vez que su hijo, con la rojinegra sabalera, admite que “me hice hincha de Colón por mi abuelo, que es fanático y también por mi mamá. Fui una vez a la cancha, porque vivo en Campana y se me hace difícil. Pero acá estoy y no podía ser con otra camiseta que no sea la de Colón”.

No faltó el pequeño, nieto de Juan Carlos Forconi, que llegó a ese banderazo con la camiseta de Unión y en compañía de su madre. “Mi ídolo en Unión es Corvalán. Y no importa que se haya ido del club, siempre será mi ídolo”, cuenta este pequeño que está acompañado por su mamá (la nuera de Forconi) y su hermanita. Deseoso de ver a la selección, disfrutando de ese espectáculo tan particular que brindan los argentinos en cada Mundial o Copa América, se declaró “no admirador” de Messi y dijo que le gustaba Julián Alvarez. Está bien. Contra gustos no hay nada escrito.
Obviamente que la gran pregunta era el tema de los tickets para el partido. Lo primero es conseguirlos y lo otro es poder pagarlos. Los precios están por las nubes y nadie lo entiende. Sin embargo, los estadios están colmados. La única solución es esperar hasta minutos antes del encuentro y tratar de localizar a quienes están en la reventa para sacar el mejor precio cuando el tiempo apremia y llega el momento de “liquidar” las entradas.

Llegaron los hinchas de todas partes. Por ejemplo, un español que vive en Madrid y a quien El Litoral le regaló una de las camisetas argentinas que trajimos a Dallas, reconoció que “soy de Barcelona y Messi es lo más grande que he visto. A Maradona no alcancé a verlo con la camiseta del Barsa, pero lo ví cuando fue al Sevilla. A Messi sí, y soy un argentino más porque estoy casado con una cordobesa. Pero mi idolatría por Messi se valora mucho más, porque soy madrileño. Y tú sabes lo que eso significa. Maradona fue el mejor, pero por pocos años. En ese tiempo, jugó para 10. Messi fue 9,75 durante 20 años y eso lo pone en un nivel superior”, le comentó a los enviados de El Litoral.

Esta Dallas llena de autopistas, moderna, pujante y activa, se despereza y pierde su normalidad con la llegada de los argentinos, que le van a poner la pimienta y el color a este Mundial. Estados Unidos no respira fútbol como los latinos, pero por poco más de un mes, al menos cada vez que juegue la selección de Scaloni, habrá fiesta.










