Oliver Bearman protagonizó uno de los accidentes más fuertes del Gran Premio de Japón de la Fórmula 1 al impactar contra las barreras a más de 300 km/h, con una desaceleración estimada en 50G.

El piloto de Haas sufrió un fuerte accidente tras una gran diferencia de velocidad en pista. No hubo fracturas, pero reavivó el debate sobre la seguridad.

Oliver Bearman protagonizó uno de los accidentes más fuertes del Gran Premio de Japón de la Fórmula 1 al impactar contra las barreras a más de 300 km/h, con una desaceleración estimada en 50G.
El incidente se produjo en la vuelta 22, cuando el piloto de Haas se encontró con una marcada diferencia de velocidad respecto al Alpine de Franco Colapinto en la curva 13. Al intentar evitar el contacto, pisó la hierba, perdió el control y terminó fuera de pista.
Pese a la violencia del impacto, Bearman salió por sus propios medios y fue trasladado al centro médico, donde se descartaron fracturas. Solo presentó una contusión en la rodilla derecha.

Desde el equipo, Ayao Komatsu calificó el accidente como “aterrador” y explicó que la diferencia de ritmo fue determinante en el desencadenante del choque.

Colapinto también remarcó lo inusual de la situación y advirtió sobre el riesgo que generan estas variaciones de velocidad en sectores de alta velocidad donde los autos aún deben girar.

El episodio volvió a poner en foco las condiciones de carrera y la gestión de energía, señaladas durante el fin de semana como un posible factor de riesgo en pista.
Un impacto de 50G implica que el cuerpo soporta una desaceleración equivalente a 50 veces su peso. En Fórmula 1, este tipo de fuerzas se producen en choques de alta velocidad y son absorbidas en gran parte por la estructura del auto y los sistemas de seguridad.