Sabe Santa Fe que El Niño amerita más preparación que temor, y que los pronósticos climáticos no pueden definir dónde, cuándo o cuánto va a llover... o desbordar un río. La evidencia estadística también muestra que -tierra adentro- es una oportunidad económica que una vez más pondrá a riesgo de los productores, la posibilidad de hacer negocios.
La estadística muestra que El Niño favorece a la agricultura en el centro-norte de Santa Fe
"No es un cheque en blanco", advierten los analistas del Ieral/Fundación Mediterránea. Los analistas analizaron qué sucede con las campañas agrícolas del país en 6 provincias y sus regiones, cuando el Pacífico se calienta por encima del promedio frente a Perú.

En territorio santafesino, la brecha de rendimientos entre campañas con La Niña (sequía) y El Niño, alcanza a favor de éste último hasta 23 puntos porcentuales en maíz y casi 20% en rindes de soja, con especial sensibilidad en los departamentos del centro y norte. A nivel nacional, el beneficio potencial estimado roza los US$ 4.000 millones.
Un informe elaborado por el Ieral de la Fundación Mediterránea confirma que la fase cálida del Pacífico frente a las costas peruanas, mejora sensiblemente las perspectivas agrícolas. Más allá de que las condiciones permitan sembrar y cosechar a tiempo, sobre todo en este último caso.
Gran diferencial en Santa Fe
En Santa Fe el diferencial es grande según los cálculos de los economistas Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, los analistas del Ieral. La brecha convierte a El Niño en un frente que hay que administrar con prudencia, pero también con expectativa.
Según el estudio publicado por el Ieral (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana), los rendimientos históricos en Santa Fe se ubican en promedio 11% por encima del nivel típico durante los años El Niño, mientras que en las campañas La Niña sufren una caída promedio del 12%.

La regularidad histórica en el territorio santafesino es contundente: en 11 de las 12 campañas La Niña analizadas en las últimas décadas, los rindes de maíz terminaron por debajo del promedio histórico, descontado el avance tecnológico.
En cuanto a la soja total, la respuesta santafesina exhibe una amplitud de 19,7 puntos porcentuales, derivada de un incremento promedio del 9,7% en campañas Niño y una merma del 9,9% en años Niña.
A nivel intradepartamental, el reporte del Ieral identifica un comportamiento heterogéneo dentro de la provincia:
- Mayor sensibilidad: La respuesta climática más acentuada se concentra en departamentos del centro y norte santafesino, destacándose 9 de Julio, San Justo, Garay, San Cristóbal y La Capital.
- Comportamiento moderado: Por su parte, los departamentos del sur agrícola provincial presentan fluctuaciones de rendimiento algo más atenuadas frente a las variaciones del ENSO.
Radiografía nacional
El trabajo de Garzón y Costamagna examina una base de 28 campañas agrícolas (1997/98 a 2024/25) sobre 196 departamentos de seis provincias (Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero), abarcando más de 18 millones de hectáreas cosechadas.

Al evaluar el conjunto de las seis provincias, los rindes agrícolas muestran incrementos promedio de +10,3% en maíz y +10,8% en soja total durante episodios El Niño, contrapuestos a caídas de -9,9% en maíz y -9,8% en soja en períodos La Niña.
En la soja de segunda, la brecha entre ambas fases se estira hasta los 27,0 puntos porcentuales (+13,6% en Niño vs. -13,5% en Niña), sumado a un aumento drástico del área no cosechada durante La Niña (que pasa de 1,9% a 6,4%).
Sin embargo, el informe resalta un claro gradiente geográfico en la sensibilidad climática:
- Entre Ríos (el distrito más sensible): Encabeza las variaciones nacionales. En maíz registra un salto del +18,4% en Niño y un desplome del -20,4% en Niña (una brecha récord de 38,8 puntos porcentuales). En soja, la amplitud llega a 26,5 puntos. Las mayores pérdidas en años Niña se concentran en el este y sudeste entrerriano.
- Córdoba: Muestra una elevada brecha en soja (22,3 puntos porcentuales), superando su impacto en maíz (17,1 puntos). Los sectores del este y centro-sur cordobés reaccionan con mayor intensidad que las zonas occidentales y serranas.
- Buenos Aires: Presenta un comportamiento equilibrado entre cultivos, con brechas de 21,5 puntos en maíz y 19,7 puntos en soja. En el norte y nordeste bonaerense (partidos como Mercedes, Suipacha, Baradero y San Nicolás), las caídas en años Niña oscilan entre 13% y 21%, mientras que en el sudeste y sudoeste (Balcarce, General Pueyrredón, Tornquist) las pérdidas históricas son de solo 5% a 7%.
- La Pampa: Aunque el maíz registra una amplitud moderada de 13,2 puntos, la soja de segunda responde de forma extrema con una brecha de casi 44 puntos porcentuales en el margen occidental.
- Santiago del Estero: Se ubica en el extremo opuesto como la zona de menor sensibilidad al ENSO. En maíz, la brecha entre Niño y Niña es de apenas 0,9 puntos porcentuales (+1,2% vs. +0,3%), mientras que en soja alcanza 12,1 puntos.
El impacto macroeconómico
Durante 2026, la transición climática en el Pacífico ecuatorial fue excepcionalmente veloz, registrando el valor más alto para ese bimestre desde 1979.
Las proyecciones del International Research Institute for Climate and Society (IRI) indican que 25 de 26 modelos prevén anomalías térmicas iguales o superiores a +2 °C para el trimestre octubre-diciembre, con altas probabilidades de persistencia durante el verano y el otoño de 2027.
Ese es el marcador de las ciencias del clima para predecir a El Niño. En términos de volumen y divisas, los analistas del Ieral proyectan que su presencia -aplicado a la escala productiva actual- podría aportar a la Argentina aproximadamente 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja en comparación con rendimientos típicos.
A cotizaciones FOB de referencia de US$ 240/t para el maíz y US$ 500/t para la soja, el diferencial de producción inyectaría unos US$ 4.000 millones adicionales a la economía nacional.
Advertencias agronómicas
A pesar del optimismo que generan las proyecciones climáticas, los autores del trabajo enfatizan que la magnitud del fenómeno en el Océano Pacífico no se traslada automáticamente en forma proporcional a los campos argentinos.
Al respecto, Garzón y Costamagna advierten textualmente en su informe que "El Niño 2026/27 constituye, por lo tanto, una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco".
Los investigadores explican que la intensidad del índice climático no sigue una regla lineal: "un Niño de +2 o +3 no implica necesariamente el doble del beneficio de uno más moderado".
Factores como la distribución temporal de las lluvias, las temperaturas en períodos críticos, las reservas iniciales de agua en los perfiles del suelo y eventuales contratiempos sanitarios -como ocurrió en la campaña 2023/24 con el maíz- resultan determinantes para consolidar los rendimientos finales.
Asimismo, sobre la lectura de los ciclos secos, los economistas aclaran que la formulación técnica adecuada no es que "La Niña reduce siempre los rindes", sino que las campañas frías han estado asociadas históricamente, con una elevada frecuencia, a rendimientos inferiores a los esperables.








