La canasta básica volvió a presionar durante julio sobre los ingresos en Argentina: la de alimentos que define la línea de indigencia aumentó 2,6%, su mayor variación desde febrero, y la total que delimita la pobreza ya alcanzó el millón quinientos mil pesos.
El aumento de precios en verduras y lácteos volvió a correr la línea de indigencia
La Canasta Básica Alimentaria en julio aumentó 2,6%, anotando la mayor variación desde febrero, complicando a hogares de menores ingresos y afectando la medición del umbral de mayor vulnerabilidad.

El informe publicado este jueves por el INDEC, en paralelo al Índice de Precios al Consumidor, mostró que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) aceleró con fuerza frente al 1,3% de junio, mientras la Canasta Básica Total (CBT) mantuvo una suba de 2,2%, idéntica a la del mes anterior.

“Durante julio de 2026, la variación mensual de la canasta básica alimentaria fue de 2,6% mientras que la de la canasta básica total fue de 2,2%”, precisó el organismo. En la comparación interanual, los aumentos fueron de 37,4% y 36,1%, respectivamente.
La aceleración de la CBA quebró el alivio registrado en junio y dejó el incremento más alto desde febrero, cuando había avanzado 3,2%. La secuencia de los últimos meses muestra una trayectoria irregular: 2,2% en marzo, 1,1% en abril, 2,4% en mayo, 1,3% en junio y ahora 2,6%.

En el acumulado de enero a julio, la canasta alimentaria trepó 20,1%, mientras la total aumentó 19,6%. La diferencia es pequeña en términos porcentuales, pero relevante porque la CBA representa el gasto mínimo en alimentos utilizado para fijar la línea de indigencia. Mientras que la CBT amplía esa referencia incorporando bienes y servicios determinando el umbral estadístico de pobreza.
La CBA se construye sobre los requerimientos “kilocalóricos y proteicos imprescindibles” de un adulto equivalente y se valoriza mensualmente con precios relevados por el IPC del Gran Buenos Aires. Para obtener la CBT, el organismo amplía ese universo mediante el coeficiente de Engel, que relaciona el gasto en alimentos con el gasto total de la población de referencia.
Por tipo de hogar
Para el adulto equivalente que utiliza el INDEC como unidad de referencia, la CBA quedó valuada en $229.131,47 y la CBT en $506.380,55.
En el hogar tipo de cuatro integrantes —un varón de 35 años, una mujer de 31, un hijo de 6 y una hija de 8— fueron necesarios $708.016,24 para cubrir los alimentos mínimos y $1.564.715,90 para superar la línea de pobreza.

Un mes antes esos valores eran $689.852,67 y $1.531.472,91. Es decir, durante julio el piso alimentario aumentó $18.163,57 y el ingreso requerido para no ser considerado pobre sumó otros $33.242,99.
Para un hogar de tres integrantes, la CBA quedó en $563.663,42 y la CBT en $1.245.696,15. En una familia de cinco personas, los umbrales ascendieron a $744.677,28 y $1.645.736,79.
De esta forma, julio dejó para una familia tipo el umbral de indigencia del que luego se vale la medición general del organismo estadístico en su informe semestral, apenas por debajo de los $710.000 y de pobreza encima del millón quinientos mil pesos, todavía con cinco meses por delante para completar la medición anual.
Verduras y lácteos explicaron la presión
El movimiento de la canasta alimentaria tuvo correlato en el IPC del Gran Buenos Aires, donde Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 2,4% en julio, una décima por encima del nivel general de esa región. El INDEC señaló que el rubro fue el de mayor incidencia sobre la inflación mensual en el GBA, impulsado principalmente por Verduras, Productos lácteos y Pan y cereales.

La mayor presión apareció entre las verduras. El zapallo anco encabezó las subas de la selección relevada por el organismo con un salto de 55,1% en un mes; la papa aumentó 20,8%, la cebolla 17,1%, la lechuga 10,9% y el tomate redondo 7,3%. También avanzaron la banana, 7,6%, y la batata, 2,7%. Hubo contrapesos entre los cítricos: la naranja bajó 7,7% y el limón 5,5%.
Los lácteos también se movieron por encima del promedio. El queso sardo y el yogur firme aumentaron 5,2%; el queso cremoso, 4,4%; el pategrás, 3,9%; la leche fresca entera en sachet, 3,8%; y la manteca, 3,7%. Entre los derivados, el dulce de leche avanzó 2,9%, mientras la leche en polvo registró una suba más moderada, de 1,4%.
La carne vacuna, en cambio, ayudó a contener el índice. El asado cayó 1,3%, la nalga 0,8%, la carne picada común 0,7%, el cuadril 0,2% y la paleta 0,1%; el pollo entero también bajó 0,3%. Entre panificados y cereales, las variaciones fueron más acotadas: arroz y galletitas de agua subieron 3,1%, la harina 2,9%, el pan francés 1,7% y los fideos 0,6%. Esa dispersión explica por qué el promedio de alimentos quedó bastante por debajo de los fuertes saltos registrados en algunas verduras.










