El jueves 14, el Indec dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor de abril; hasta entonces, el dato de la inflación porteña marcó 2,4%, anticipando la desaceleración que el gobierno espera que sea el inicio de una sucesión de mejoras en datos de la economía.
De la foto con bajos salarios y consumos, al optimismo oficial que promete 20 meses de mejoras
El jueves el Indec dará a conocer la inflación de abril, que vendría con una baja relativa. ¿Es el inicio de las buenas noticias que anticipa Economía? El rol de la reforma laboral ante la “brecha salarial” entre formales e informales, que lleva tres cuartos de siglo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, ha ratificado que vienen entre 18 y 20 meses de mejoras en la economía nacional. El ministro espera que este dato de inflación a la baja se acople en un “círculo virtuoso” que incluye la recuperación de la construcción, un rubro de empleo masivo de mano de obra.

Para Economía, es decisiva la asignación de 2.500 kilómetros de rutas (recibió 17 ofertas económicas) de la Etapa II-B de la Red Federal de Concesiones. Es una expectativa que espera concreciones en medio de un escenario en el que las ventas masivas en febrero cayeron 3,1% interanual (con una leve mejora del 0,3% frente a enero).
En el canal mayorista, el retroceso medido por el Indec marcó -1,2% en comparación con febrero del año pasado y 0,7% frente al mes previo, aunque hubo una mejora interanual en el bimestre del 0,1%. El empleo en comercio también es masivo, y un termómetro de clima social con alta repercusión política.
Mientras el gobierno se empeña en sostener a Manuel Adorni y la oposición hace foco en “Cristina libre”, el adelantado clima electoral parece menos ocupado de las virtudes propias que de los defectos ajenos. Eso ante una sociedad que registra caída del consumo y pocas expectativas de nuevo trabajo.
Caputo señala por un lado que la reforma laboral vigente pueda convencer a los empleadores potenciales que un menor costo de eventuales despidos, un fondo para asistirlos en tal caso y -sobre todo- una carga que baja del 18% al 2% para nuevos empleos, pueda favorecer rápidamente la concreción del modelo económico propuesto.
Además, aguarda que se aceleren los proyectos del Rigi. El Gobierno estima que las iniciativas alcanzarán los US$ 140.000 millones; ya hay 36 proyectos en carpeta que suman cerca de US$ 95.000 millones, de los cuales hay aprobadas iniciativas por US$ 28 mil millones.
A favor del gobierno nacional se suma el dato de la Balanza Comercial: el primer trimestre de 2026 cerró con un superávit acumulado de 5.508 millones de dólares, impulsado principalmente por el sector agroindustrial y energético.

Tanto el gobierno como los organismos internacionales (FMI, BID) proyectan un crecimiento sólido para 2026, entre 3,5% y 4% (algunas estimaciones oficiales más optimistas cerca del 5%). Argentina lideraría el crecimiento en la región y con 2026 en esa línea, el país sumaría dos años consecutivos de expansión después de más de una década de estancamiento.
Empleos y salarios
El optimismo de la película que proyecta el oficialismo contrasta con la foto. Los datos del mercado de trabajo se publican trimestralmente; los últimos valores consolidados corresponden al cierre del año anterior y el inicio del presente ciclo, con una tasa de desocupación del 7,5% al cierre del cuarto trimestre de 2025, lo que representó un ligero incremento respecto a períodos previos.
El empleo registrado a enero de este año contabilizó 12,85 millones de trabajadores (datos del Sistema Previsional). El empleo asalariado privado se mantiene estable en torno a los 6,19 millones; la tasa de trabajadores sin descuento jubilatorio ronda el 36,4%.

A su vez, el poder adquisitivo de los salarios registró un incremento mensual del 2,4% y un acumulado del 5,0% en el primer bimestre del año. Son datos oficiales atrasados, pero los últimos disponibles para la medición oficial del Indec.
Dado que la inflación de febrero fue del 2,9%, los salarios experimentaron una pérdida real de aproximadamente 0,5 puntos porcentuales en dicho mes, sin contabilizar marzo y abril. En la comparación interanual hasta febrero, el índice salarial subió un 35,8%, todavía por debajo de la inflación acumulada en el mismo período.
Siempre a febrero, el Estimador Mensual de Actividad Económica mostró una caída interanual del 2,1% y una baja del 2,6% respecto a enero en la medición desestacionalizada. Mientras que el IPI Manufacturero (Marzo 2026, otro sector de mano de obra intensiva) mostró señales de recuperación con una suba del 5,0% interanual en marzo.
Sin embargo, el acumulado del primer trimestre de 2026 todavía arrastra una baja del 2,3% respecto al año anterior.
Un problema estructural
En la última edición de los Indicadores de Coyuntura de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, José Luis Bour examina la crisis estructural del mercado laboral argentino, subrayando que la falta de empleo de calidad no es un fenómeno reciente, sino un problema histórico con ochenta años de antigüedad.
El texto destaca cómo la extrema volatilidad macroeconómica y una elevada carga impositiva sobre los salarios han fomentado la informalidad laboral y la baja productividad. Se detalla la reciente caída del empleo formal y público, interpretando estas tendencias como una corrección necesaria frente a años de ocultamiento estadístico de la desocupación mediante contratos precarios.

Bour sugiere que “en una economía volátil, los contratos laborales requieren flexibilidad; sin ella, las empresas pueden quebrar cuando el ciclo se da vuelta, a menos que contraten informalmente”.
Advierte que “más allá del quiebre de las cajas previsionales por el vaciamiento que llevaron a cabo las distintas administraciones desde 1945 en adelante, un problema que legaron fue el de establecer una elevada cuña salarial (diferencia entre costos laborales en blanco y en negro) que desde el comienzo favorecía la evasión.
El informe identifica que el origen de la informalidad masiva se remonta a mediados del siglo XX, cuando se establecieron elevadas alícuotas de aportes y contribuciones (la "cuña salarial"), lo que generó una diferencia insostenible entre los costos de contratar "en blanco" y "en negro".








