El Gobierno nacional presentó este viernes el proyecto del llamado “Súper RIGI”, una versión reforzada del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aprobada con la Ley Bases en 2024. Estuvo a cargo del ministro de Economía Luis Caputo, en una conferencia que compartió con el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
La nueva carta que apuesta Milei para dinamizar la economía y generar empleo
El Gobierno presentó el proyecto para ampliar el vigente Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones con más beneficios fiscales, aduaneros y regulatorios. Caputo habló de baterías de litio, autos eléctricos, paneles solares, fertilizantes y datacenters como parte de una estrategia para radicar industrias que "no existen en la Argentina".

El jefe de Hacienda explicó el anuncio como una pieza central de la estrategia libertaria para atraer sectores que hoy no tienen desarrollo local. “Pensamos en la idea de un super RIGI que implique todavía más beneficios impositivos para lograr una mayor industrialización de lo que son nuestros recursos”, planteó. Y sintetizó el proyecto pensado para “todos esos sectores o industrias que hoy no existen en Argentina”.

La idea que expuso Caputo es que, a través de la instancia superadora del esquema, la Argentina empiece a disputar inversiones en eslabones más largos de la cadena productiva, como baterías de litio y autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, fertilizantes, datacenters y desarrollos vinculados al agro, la pesca o la forestación.
La apuesta central, según definió, es “transformar la matriz productiva argentina”, con la intención de empujar la industrialización en la extracción de recursos naturales, impulsar el empleo privado registrado, ampliar exportaciones y recaudar más por volumen aunque se cobre menos por alícuota.
Qué cambia frente al RIGI original
La principal diferencia con el régimen vigente pasa por el paquete fiscal. Caputo explicó que la alícuota del impuesto a las ganancias para las firmas alcanzadas sería del 15%, contra el 25% que contempla hoy el RIGI. A eso se sumaría un esquema de amortización acelerada: 60% de la inversión deducible en el primer año, 20% en el segundo y 20% en el tercero.
También se ampliaría la exención de derechos de importación para todos los bienes vinculados a la producción, no sólo para bienes de capital. Y del lado de las exportaciones, el proyecto prevé arancel cero desde el inicio de las operaciones.

No sólo apunta a capturar inversiones privadas, sino también disciplinar la presión tributaria en torno a esos proyectos. Las provincias que adhieran no podrán cobrar Ingresos Brutos por encima del 0,5% y los municipios no podrán aplicar tasas sobre ventas. “También va a hacer que no se puedan cobrar tasas municipales como se quiere hacer ahora en relación a las ventas, lo que termina siendo más bien un impuesto que una contraprestación”, dijo.
La apuesta es mejorar el flujo de fondos en la etapa inicial de los proyectos y volver más competitiva a la Argentina frente a países que, según la mirada oficial, ya ofrecen marcos fiscales más previsibles y favorables para grandes multinacionales. “La idea de hacer un Súper RIGI es porque muchas de estas industrias tienen márgenes muy, muy bajos y nosotros competimos con países que nos llevan muchas décadas de ventaja en términos de instituciones y composición impositiva”, expresó Caputo.

Frente a la consulta por el eventual costo fiscal, cuentas que el Gobierno viene sintiendo durante los últimos nueve períodos, Caputo descartó pérdidas: “Vamos a tener una mayor recaudación fiscal porque, si bien hay reducciones impositivas, vamos a estar cobrando más debido a que son industrias que hoy no existen”.
Ahí aparece el antecedente del actual régimen que el Gobierno usa como credencial de éxito. Según lo informado, los proyectos presentados y aún en evaluación bajo el RIGI podrían generar inversiones por 94.965 millones de dólares, con un impacto en la balanza comercial superior a 40.000 millones. Ya enfocado en el Súper RIGI, Caputo habló de captar inversiones del orden de “veinte mil, treinta mil millones de dólares”.

El punto que todavía no quedó cerrado es el monto mínimo de inversión para ingresar al nuevo esquema. El ministro admitió que esa cifra aún no estaba definida, aunque aseguró que se resolverá antes del envío del proyecto. “Todavía no lo hemos terminado de definir. Pero esto estaría yendo al Congreso la próxima semana”, dijo.
La promesa del empleo
El Gobierno llega a esta presentación apoyado en los números que Manuel Adorni llevó al Congreso sobre el RIGI actual. Según esa exposición, los 12 proyectos aprobados y uno más con recomendación de aprobación proyectan 36.873 empleos entre directos e indirectos que podrían sumar 107.000 empleos adicionales de concretarse los otros 21 proyectos en evaluación.
En el mapa federal, el régimen vigente ya tendría efectos potenciales sobre el trabajo. De acuerdo al 145° Informe de Gestión, San Juan aparece con 12.939 empleos proyectados en tres iniciativas; Santa Fe, con 9.700 puestos en un proyecto; Buenos Aires, con 3.965; y Río Negro, con 3.944 en petróleo y gas. Cifras que le permiten al oficialismo mostrar que el RIGI tiene potencial de impacto en provincias con perfil exportador y logístico.

Sin embargo, esa promesa convive con una discusión más profunda e incómoda. Los empleos proyectados hasta el momento siguen siendo bastante menores que el deterioro reciente del empleo formal: con un aumento de la desocupación a 300.000 personas y una suba sostenida de la informalidad desde el inicio de la gestión libertaria, según la proyección sobre los últimos datos del INDEC. En ese sentido, los datos que presentó Adorni en el Congreso permiten, también, comparar con los sectores adheridos al RIGI: la minería lidera la lista con 18.880 empleos distribuidos en siete proyectos; infraestructura suma 9700 puestos con la terminal multipropósito de Timbúes, en Santa Fe; petróleo y gas aportan 3944 vacantes; y siderurgia, 3800.

La otra cara en el debate sobre el trabajo aparece en el cruce con la foto del empleo reciente. Mientras el Gobierno apuesta a una transformación de la matriz productiva, el mercado laboral argentino arrastra problemas, no solo en la pérdida de puestos formales, sino también en el desempleo creciente especialmente en sectores jóvenes y una brecha cada vez más mayor entre las habilidades disponibles y las demandas de las nuevas empresas marcada por la automatización y el avance de la inteligencia artificial. Por lo que las lecturas sobre el trabajo no se asientan solo sobre el arribo de las inversiones, sino en cuántos puestos crearán, a qué velocidad, para quiénes, con qué calificaciones y durante qué período.
Sobre este aspecto, Caputo buscó marcar una diferencia de fondo respecto de la crítica habitual que se le hace al programa económico de Milei, presentando al Súper RIGI como una herramienta mucho más ambiciosa orientada, precisamente, a la industrialización. “Este es un esquema que no apunta al corto plazo, es un esquema del que se van a beneficiar todos los próximos gobiernos. Es un esquema que viene a transformar la matriz productiva argentina, incentivando la industrialización de nuestros recursos naturales”, afirmó.










