Hay una laguna, animales autóctonos, dos dados, luces, sensores y una pizarra magnética. También hay sumas, restas, problemas y razonamiento. Pero, sobre todo, hay chicos jugando. Y detrás de ese juego, una docente que entendió que para enseñar matemática, primero hay que conseguir algo que parece cada vez más difícil: despertar el interés de los chicos.
La maestra que “le busca la vuelta” a enseñar matemática: entre juegos, cuentas y escucha
Melina Brouet encontró una manera de acercar a los chicos a una materia que muchas veces aparece como difícil o aburrida. Su proyecto fue distinguido en la Feria Provincial de Proyectos, a partir de un juego de la oca, pensado en conjunto con otra escuela técnica de Calchaquí.

En tiempos en que los resultados de las pruebas Aprender y Pisa vuelven a poner sobre la mesa las dificultades de los estudiantes para resolver problemas y apropiarse de conocimientos fundamentales, Melina del Valle Brouet eligió otro camino: buscarle la vuelta a la matemática para que deje de ser “la materia cuco” y se transforme en una experiencia capaz de entusiasmar, atraer y motivar a los chicos desde el nivel primario.
Tiene 47 años, es docente de Matemática y Ciencias Naturales en la Escuela Primaria Nº 448 “Bernardino Rivadavia” de la localidad de Calchaquí -en el norte de la provincia de Santa Fe- y trabaja con dos cursos de 6to grado. Hace 19 años que está frente a las aulas y, aunque también enseña Ciencias, dice que siempre le tocó enseñanza matemática. Hoy, 11 de septiembre, Día del Maestro -en homenaje al fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento- compartió con El Litoral cómo es su trabajo frente al aula.
Para Melina, una de las claves de enseñar matemática a través del juego es que muchas veces ni siquiera sienten que están haciendo aquello que tanto les cuesta. “No están con la presión de saber que tengo que hacer una operación y que me salga bien. A través del juego solucionan problemas, tienen que pensar, razonar, están leyendo, haciendo cuentas”, sostuvo.

No todo resulta sencillo. Hay chicos que todavía no pueden resolver una resta, que les cuesta el pensamiento abstracto o que tienen dificultades con las tablas de multiplicar. Pero allí aparece el trabajo paciente del docente.
“Muchas veces cuesta. En la Feria de Comunidades de Aprendizajes que se hizo en Santa Fe mirábamos chicos, por ejemplo, que decían ‘yo no sé restar’. Entonces, volver a explicarles y buscar otras palabras, otras formas o estrategias de enseñar es fundamental. A través del juego se enganchan mucho mejor que si vos estás con un pizarrón, un lápiz y un papel”, dijo.

“Hay que buscarle la vuelta, porque hay que generar la atracción de los niños. Hoy están con las pantallas, mientras nosotros ahí con el papel y la goma”, planteó. Y añadió que “también siempre trato en las planificaciones de buscar un propósito, que sea para algo lo que estamos enseñando. Por ejemplo, si vamos a trabajar geometría, tratemos de armar algo”.
Una oca en la laguna El Cristal
El proyecto que la llevó junto a sus alumnos hasta la Feria Provincial -donde obtuvieron una distinción- comenzó un año antes. En 2025 realizó una capacitación de ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos) dentro de la Comunidad de Aprendizaje de Pedagogía y decidió llevar a la escuela una pregunta sencilla, pero profunda: ¿qué hacer para que la matemática sea divertida para todos?
“Mi propuesta era celebrar el Día de las Infancias haciendo juegos todos relacionados con la matemática. La idea creció hasta involucrar a toda la comunidad educativa. Hubo juegos, arte, música, patios intervenidos y distintas estaciones por las que fueron pasando los chicos. Se involucraron los CER que dependen de la escuela y se hicieron trabajos maravillosos”, relató.
La propuesta tuvo una segunda vida este año, cuando la Escuela Técnica Nº 642 fue convocada a participar de una Comunidad de Robótica y Automatización dentro del programa Comunidades de Aprendizaje del Ministerio de Educación. La iniciativa planteaba que una escuela técnica trabajara asociada con una escuela primaria para tomar un proyecto existente y realizar un aporte desde la robótica.

Así nació “Oca en Oca por El Cristal”, un dispositivo automático, didáctico y lúdico que une a las dos instituciones de Calchaquí y toma como eje el escenario la laguna El Cristal. “Es un tablero inspirado en el tradicional juego de la oca, pero atravesado por desafíos matemáticos, programación y tecnología, en el que aparecen liebres, aguará guazú, guasunchos, garzas y carpinchos como personajes. Los chicos avanzan con dos dados y deben resolver sumas y restas”, explicó Melina.
Docentes y alumnos de ambas instituciones viajaron el miércoles a Santa Fe para presentar el juego en la Feria Provincial. “Estábamos re sorprendidos de recibir una medalla porque nosotros no competíamos, sino que fuimos a mostrar el proyecto entre dos escuelas”, contó.
Pero detrás de ese reconocimiento hay algo más grande que un premio: la confirmación de que la escuela puede construir respuestas cuando docentes y estudiantes trabajan juntos. Melina lo sabe. Y también sabe que no se enseña solamente con números.

Escuchar y conectar
En su aula existe una “hora de la escucha”, un espacio que nació de una necesidad concreta: que los chicos aprendieran a escucharse entre ellos, pero también pudieran contar lo que les pasa. “Es una hora destinada los días lunes, sobre todo, porque vienen del fin de semana recargados. Hacemos una ronda abierta, un semicírculo, y ahí empezamos a hablar. Yo también manifiesto, cuento, porque ellos también te preguntan. Todos hablamos y tratamos de escuchar”, relata.
Y el resultado, dijo, la emociona. “Es impresionante. Estoy orgullosa de que lentamente fueron aprendiendo a escucharse. ‘Seño, tenemos que hacer ‘la hora’, ya saben. Y empiezan a contar. Pierden ese miedo y hablan”, cuenta.
Para Melina, escuchar no es una actividad que se agrega a la enseñanza. Es la condición para que pueda suceder. “Primero que nada, el docente debe escucharlos, qué traen, porque si no es imposible enseñar cualquier contenido, ya sea matemática o el que uno tenga que dar, si uno no escucha sus realidades. Es importante primero que ellos estén tranquilos, que ya hayan hablado”, destacó.
“Vienen con diferentes realidades y a veces no son escuchados tampoco. Entonces, en la escuela, o en mi salón, yo les doy la oportunidad de que hablen”, agregó. El vínculo, para ella, es el punto de partida. La matemática puede esperar unos minutos si antes hay que escuchar una historia, una preocupación o algo que un chico necesita contar.

“A mí lo que me gusta es cuando lográs conectar con los alumnos. Cuando lográs ese vínculo, entonces, a partir de ahí, todo podrá suceder. Pero si vos venís de una y querés enseñar, no, porque los chicos necesitan eso actualmente”, afirmó.
-¿Para vos la docencia qué es? ¿Vocación? ¿Un trabajo?
-Tiene que ser vocación, necesariamente. Uno se da cuenta: cuando te gusta o si lo ves sólo como un trabajo, quizá lo podés padecer o ir sin ganas. En cambio, si vos la ves con una vocación, cualquier problemita es una oportunidad para enseñar algo o buscarle la vuelta para solucionar. Si no lográs tener ganas de estar con los chicos, escucharlos y estar con ellos, es imposible enseñar con calidad o con conexión.
Y quizás allí, en esa última idea, esté resumida toda su manera de “hacer docencia”: buscarle la vuelta. A una cuenta. A un problema. A una dificultad. A un chico que todavía no aprendió. Porque mientras haya alguien dispuesto a escuchar y volver a intentar, siempre puede aparecer una manera de llegar a la respuesta.









