-Sé que ha habido miles de intentos por transformar la secundaria, y no es mi intención generalizar, pero no sé de qué me hablan cuando dicen una nueva secundaria. Sí, es cierto, que es más joven en términos de obligatoriedad. Y que eso presenta también sus tensiones y sus desafíos. Pero esto es algo que ocurre en sistemas de distintos países no solo en la Argentina, cada vez que se amplían derechos. Se dispone que todos van a entrar, pero ¿cómo? es la pregunta. Quizás es una tensión porque lo de afuera del sistema educativo no ha acompañado ese deseo de igualdad. Estamos viviendo un tiempo, el Antropoceno, de mucha pulsión de muerte liberada y legalizada. Y esto no colabora para el querer saber. Esto no quiere decir que no haya gente que quiera saber, pero muchas hipótesis de muchas disciplinas, de la sociología clínica, del psicoanálisis, de cierta filosofía, de la teoría del derecho, vienen advirtiendo que hay algo que está haciendo el mundo que atenta contra la posibilidad de que se mantenga la curiosidad intelectual. Ahí es donde entra en juego la relación pedagógica que se instituya con el objeto de conocimiento. Podemos analizar esta botella de agua, por ejemplo, que es un objeto banal, y eso puede despertar una curiosidad intelectual infinita, porque no hay una sola disciplina que podría hablar de esta botella. Ahora, la cuestión es si alentamos o desalentamos que el otro quiera saber. Suele suceder que muchas veces, al pensar en cuestiones educativas, lo hacemos en relación a contenidos que es una palabra del vocabulario público. Pero la relación con el saber no es un problema exclusivamente de contenidos. No es que da igual, pero si no se modifica el sistema de relación con el saber, se puede cambiar mucho, rebautizar, pero haber dejado intacto el obstáculo al querer saber. En términos psicoanalíticos, si propiciamos la sublimación o si, al contrario, hacemos que la sublimación se encoja. La pérdida del prestigio de la opción sublimatoria es la hipótesis más terrible del Antropoceno.