Lo que en un primer momento suena como una canción glam de Emilia, enseguida se revela como una crítica punzante al consumismo actual y a las locuras que hacemos con tal de pertenecer. Es un juego de seducción con el universo de las marcas, los outfits cuidados y los nombres de diseñadores, con una constante mirada sarcástica. Detrás del brillo y el glamour, hay algo más: la presión constante de comprar, actualizarse y mantenerse en “la tendencia”.

































