- Claro, porque la consecuencia de la tlönización del universo es la destrucción de la realidad -que es plural y diversa y aún contradictoria- y su reemplazo por unos esquemas artificiales, homogéneos y más bien espurios. La idea de Nación nace a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX con rasgos étnicos. La mayoría de las nuevas naciones se definen por la unicidad de lengua, es decir por la discriminación cuando no por la eliminación de las otras lenguas habladas en un territorio dado y de las tradiciones anejas. Algo similar ya ocurría en el Imperio Hispánico, imperio que por otro lado funcionó, en cierto modo, como modelo de lo que debía ser una nación: espacio de homogeneidad religiosa, idiomática y étnica. Tanto ese Imperio como las nuevas naciones acarrean o entrañan el etnocidio, la eliminación de las culturas y aún de las poblaciones diferentes. Borges se alimenta personalmente de esa ideología, entre otras razones, porque se nutre de la biblioteca paterna que es inglesa. Pero en el cuento de que hablamos, en vez de dolerse de la desaparición de los cientos de lenguas de la India, del África o de América en beneficio del inglés, del francés o del español, lamenta la desaparición del francés, del inglés y del español -las tres principales lenguas imperiales europeas- en beneficio del idioma de Tlön. Borges está describiendo la mecánica etnocida, pero como suele suceder en las ideologías coloniales, invierte el crimen: quienes en relación con esas lenguas aparecen como víctimas (Inglaterra, Francia, España), son, en la cruda realidad de la historia, los verdaderos victimarios. Pasa como en "La cautiva", de Echeverría: en la realidad de la Conquista, fueron muchas más mujeres indias que blancas las cautivas.