Se llamaba Juana Galarza de Goicoechea. Vivió entre los siglos XVIII y XIX, y una de sus hijas, Gumersinda Goicoechea, se casó con un joven llamado Javier de Goya, hijo del pintor de la corte, Francisco de Goya y Lucientes. Su consuegro la retrató a lápiz en un pequeño dibujo de 7 centímetros de diámetro que hoy, más de doscientos años después de ser inmortalizada, se ha conseguido autentificar como original del genial pintor aragonés. El certificado de autentificación ha sido firmado, después de tres años de observación, pruebas científicas, análisis y estudios por el equipo de expertos del Centre d’Art d’Època Moderna (CAEM), de la Universitat de Lleida.
































