No está la tragedia final, ni está la cruel comicidad. Anouilh avanza sobre defectos físicos, promiscuidad, bajezas, simulación sin ningún remilgo. El pianista (la/el pianista y el hallazgo, que ése sea hombre sin disfraz) termina por plantear el juego -la obra- de la doble, triple vara. Eso propone el texto. Esposa enferma, amante cercana, torpeza y flaqueza en el carácter y las decisiones son un retrato que no se consigue Es el eje. No está. La directora de La Orquesta y su juego con el imaginario empresario es dicho con la rapidez de quien quiere llegar al parlamento siguiente. La amante despechada, como la solterona y la matrona no son mas que trazos gruesos que Anouilh plantea como “puerta de entrada” y que, una vez perfilados los personajes, cada uno de ellos debe volar, hacer estallar la tranquilidad del espectador. Pedido del autor: Eso que ofertan arriba es la vida escondida de los que están en la platea. No sucede. El simple juego de los instrumentos y su simulación era una parte básica del juego verdad / broma / aceptación del juego, cruce de la “cuarta pared”, convenio claro: es broma, sígannos pero...