El imaginario colectivo se construye con experiencias diarias y, sobre todo, con la falta de revisión de aquello en lo que acordamos (o no). Por ejemplo, que la seguridad de un local, boliche o comercio precisa de un hombre grande, de trato seco, tal vez hasta hostil, y que pueda resolver los conflictos con la fuerza.
Crece en Rosario la formación profesional para control en eventos y suma cada vez más mujeres
La Municipalidad ya capacitó a casi 700 personas en el curso de Agentes de Control, Admisión y Permanencia, profesionalizando el sector para dejar atrás prácticas violentas y ordenar la seguridad en boliches, recitales y fiestas.

Un patovica, figura que desde hace años está en revisión en Rosario. En particular por la búsqueda de profesionalización de este rol con un abordaje más respetuoso de los derechos de las personas. Y más inclusivo.

Pero no solo se trata de imaginarios. En 2006, y parte del origen de revisar la cultura de seguridad y nocturnidad, Martín Castellucci terminó muerto a la salida de un boliche de Lanús luego de que un ex boxeador contratado como seguridad lo golpeara.
Gracias a la lucha de su familia diferentes distritos avanzaron en regulaciones para limitar las prácticas violentas llegando a una ley nacional, la 26.370 de 2008, que elevó la vara del trabajo y fijó condiciones de capacitación, límites de actuación, incompatibilidades y registros oficiales para el personal habilitado.

Santa Fe adhirió a la ley y el municipio de Rosario desde 2018 lleva realizados 14 cursos para Agentes de Control, Admisión y Permanencia (ACAP), una formación que apunta a dotar de herramientas técnicas y legales a quienes trabajan en recitales, bares, boliches y fiestas electrónicas.
El programa aborda resolución de conflictos, prevención de violencias, derechos del público, primeros auxilios y protocolos de actuación.
“Este curso consolida una política pública sostenida que apuesta a la profesionalización de una actividad clave para la convivencia y la seguridad en espacios de entretenimiento. Nos enorgullece ver cómo año a año crece la participación, especialmente de mujeres, y cómo cada vez más personas acceden a una formación de calidad que les brinda herramientas concretas para desempeñar su trabajo con responsabilidad y compromiso”, señaló el secretario de Control y Convivencia local, Diego Herrera.
Casi 700 personas ya se formaron en Rosario, y según contaron desde el municipio, crece año a año la participación de mujeres dentro de un territorio tradicionalmente ocupado por hombres.

Carla Rodríguez trabaja hace años en seguridad de eventos y decidió realizar la capacitación municipal para profesionalizar una experiencia que hasta entonces se apoyaba más en la práctica cotidiana que en herramientas sistemáticas.
“Venía trabajando en seguridad de eventos, sobre todo en recitales, boliches y fiestas electrónicas, y notaba que muchas situaciones se resolvían a la vieja usanza: con el tono de voz elevado, con la expulsión directa o directamente llamando a la policía”, contó a El Litoral y agregó: “Quería dejar de hacer las cosas por inercia y empezar a hacerlas con método”.

Según explicó Rodríguez, la capacitación le permitió ordenar conocimientos que ya aplicaba intuitivamente y sumar herramientas concretas para actuar en situaciones complejas.
“Esperaba actualizarme en temas de admisión, saber exactamente qué decir, hasta dónde puedo intervenir, cómo documentar un incidente y cómo bajar la tensión sin tener que pelear. La capacitación me dio ese marco que me faltaba”, describió.
Resolver antes de que el conflicto explote
Uno de los principales objetivos del programa municipal es modificar la lógica de intervención en los espacios nocturnos. La idea ya no pasa por reaccionar cuando el conflicto escaló, sino por prevenirlo y desactivarlo antes. Rodríguez explicó que uno de los aprendizajes más importantes tuvo que ver con incorporar protocolos claros para actuar frente a discusiones, peleas o emergencias sanitarias.
“A pesar de venir trabajando en eventos, hubo cosas que me marcaron porque nunca las había aplicado de forma sistemática. Aprendí que no es solo calmar a la gente, sino saber cuándo separar, cuándo escuchar y cuándo pedir refuerzos”, dijo y destacó la formación en primeros auxilios orientados al manejo de multitudes y la detección temprana de situaciones de violencia.

“Ahora puedo anticiparme a señales que antes se me pasaban. Una discusión de pareja que puede convertirse en algo físico o un grupo que viene buscando pelea. Antes reaccionaba cuando ya explotaba porque no llegaba a detectarlo antes”, sostuvo.
La trabajadora remarcó además que el curso ayuda a establecer límites legales claros sobre las facultades del personal de control. “Aprendimos hasta dónde podemos revisar mochilas, cómo actuar ante menores y también cuáles son nuestros derechos como trabajadores. Eso no te lo enseña la calle”, señaló.
Mujeres en la puerta principal
La presencia creciente de mujeres en tareas de admisión y control aparece como otro de los cambios que atraviesa al sector. Aunque todavía minoritaria, la participación femenina aumentó en las últimas cohortes de formación y empezó a modificar dinámicas históricas dentro de los eventos nocturnos. Rodríguez conoce de cerca esas resistencias.
“Al principio muchos compañeros te miran como si estuvieras de adorno, y los mismos organizadores a veces te ponen en accesos secundarios. A mí me costó ganarme el derecho a estar en la puerta principal de un evento”, recordó.
Siempre según Rodríguez, con el tiempo y el trabajo profesional el reconocimiento llega a partir de la capacidad de resolver situaciones complejas sin violencia.

“Una vez que demostrás que resolvés una pelea sin que nadie salga lastimado, o que detectás una situación de acoso antes de que escale, el respeto llega”, afirmó y agregó que la profesionalización que dan los cursos como el municipal ayuda a reducir prejuicios dentro del rubro.
“Cuando hay un título, un programa estandarizado y un registro oficial, pesa más lo que sabés hacer que los prejuicios”, indicó y confió en que la incorporación de mujeres no representa solamente una cuestión de inclusión laboral, sino también una mejora concreta en la dinámica de trabajo dentro de los eventos.
El fin de la lógica del “patovica”
Para Rodríguez existe una diferencia grande entre la figura tradicional del “patovica” y el perfil profesional que busca construir la capacitación municipal. “El patovica clásico trabaja con intuición y fuerza física. Su herramienta principal es el cuerpo y su solución favorita es la expulsión violenta o la amenaza”, describió.
En cambio, sostuvo que el modelo actual apunta a operadores capaces de prevenir conflictos y actuar bajo protocolos establecidos.

“Con la formación de ACAP aprendés que sos un operador técnico, no un peleador. Trabajamos con manejo de filas, comunicación por radio, planillas de incidencias y protocolos de emergencia”, detalló y concluyó: “No se trata de quién es más rudo, sino de quién resuelve con menos daño colateral”.








