Un pingüino de Adelia, que es una de las dos especies que habitan en la Antártida, viajó cerca de 3.000 kilómetros hasta llegar a las costas de Nueva Zelanda, al poblado de Birdlings Flat, en donde habitantes de la localidad se sorprendieron y decidieron llevarlo a un centro de rehabilitación de pingüinos para que lo vieran los médicos veterinarios.



































