En el retrato al óleo de Vicente Palmaroli de 1866, Isabel de Borbón y Borbón parece llevar las alhajas a subasta, por lo que estos serían algunos de los múltiples pendientes que se describen en las capitulaciones matrimoniales de la infanta que fue dos veces princesa de Asturias, primero como heredera de su madre, Isabel II, y después de su hermano, Alfonso XII. Las joyas que Isabel aportó al matrimonio fueron tasadas e inventadas por por los diamantistas Manuel Congosto y Carlos Martínez Sevillano, ayudante del Real Guardajoyas, actuando como testigo Ignacio de Arteaga y Puente, jefe del departamento. La relación incluye tanto las piezas que formaban parte de su amplia colección, estimadas en 2.046.844 reales, como las que le fueron regaladas por sus nupcias, apreciadas en 3.832.283 reales, ascendiendo el valor de ambos conjuntos a 5.879.127 reales.