A días de su visita a la Argentina, León XIV un ambicioso proyecto energético impulsado por su antecesor, Francisco, avanza con un objetivo singular: que el Vaticano produzca toda la electricidad que necesita y pueda entregar el excedente a la red italiana.
Fratello Sole: el legado energético de Francisco que continúa León XIV
La Santa Sede avanza con una planta solar que podría generar más electricidad de la que consumen sus instalaciones y dependencias. El proyecto nació con Francisco y fue retomado por León XIV. El ingeniero santafesino José Stella explica cómo funcionará y qué desafíos presenta.

La iniciativa se llama Fratello Sole (Hermano Sol) y contempla construir una planta fotovoltaica en Santa Maria di Galeria, una propiedad de la Santa Sede ubicada en las afueras de Roma. Su particularidad es que combinará generación eléctrica con producción agrícola, mediante paneles solares elevados que permitan seguir cultivando la tierra.

“El Vaticano no tiene petróleo, gas ni grandes extensiones de tierra donde instalar parques solares o eólicos. Históricamente, depende de Italia para abastecerse de energía”, explica el ingeniero electricista santafesino José Stella, docente universitario y especialista en gestión energética, en un análisis compartido con El Litoral.
Producir más de lo que se consume
La potencia de 119 MW, las 53 hectáreas, la inversión de 90 millones de euros y los paneles elevados a 2,5 metros coinciden con el dossier Vatican to Green, según la información publicada por PV Magazine Italia.
La cifra cobra dimensión cuando se compara con el consumo. Stella señala que la demanda eléctrica directa de la Ciudad del Vaticano se ubicaría entre 29,9 y 34,17 GWh por año. Pero al incorporar otras dependencias vinculadas con la Santa Sede, como Radio Vaticana y el Hospital Pediátrico Bambino Gesù, la necesidad total podría alcanzar aproximadamente los 160 GWh.

En ese escenario, la generación superaría la demanda estimada en unos 43 GWh anuales, aunque el volumen efectivamente entregado a la red dependerá del funcionamiento del sistema eléctrico. “De concretarse las previsiones, la planta tendría capacidad para generar más electricidad que la demanda estimada”, sostiene el especialista.
El proyecto contempla una inversión inicial cercana a los 90 millones de euros y una superficie de aproximadamente 53 hectáreas destinadas a los paneles, dentro de una propiedad agrícola de unas 370 hectáreas.
Sin embargo, Stella aclara que los valores corresponden todavía a proyecciones. La planta todavía debe completar su desarrollo y construcción, por lo que no se trata de una generación que el Vaticano ya haya alcanzado.
Poder entregar parte de lo producido
El objetivo de autoabastecimiento plantea una diferencia técnica fundamental. “Cuando decimos que un país, una ciudad o una empresa puede abastecerse completamente con energía renovable, no necesariamente significa que pueda desconectarse de la red eléctrica”, explica Stella.

La generación fotovoltaica depende de la radiación solar. Durante la noche no produce electricidad y en días nublados su rendimiento disminuye. Por lo tanto, aunque una instalación genere durante un año más energía de la que consume, no necesariamente podrá cubrir la demanda en cada momento. “Para resolver esta situación hacen falta redes eléctricas, sistemas de almacenamiento, intercambios de energía y fuentes de respaldo”, explica el especialista santafesino.
El Vaticano mantendría así su integración con el sistema eléctrico italiano. En determinados momentos podrá incorporar energía de la red y, cuando la producción supere sus necesidades, entregar el excedente. La iniciativa busca que parte de esa electricidad sobrante también beneficie a servicios públicos del territorio italiano.
Cosecha de alimentos y electricidad
La tecnología elegida se conoce como agrovoltaica y permite utilizar una misma superficie para generar electricidad y mantener actividades agrícolas. En Santa Maria di Galeria se proyectan paneles elevados aproximadamente 2,5 metros del suelo, con estructuras móviles que permiten orientar los módulos para aprovechar mejor la radiación solar.

Stella destaca que la sombra generada puede reducir la evaporación del agua, moderar la temperatura del suelo y proteger determinados cultivos frente a condiciones climáticas extremas. Aunque advierte: “No todos los cultivos responden de la misma manera. Hay que estudiar qué especies se adaptan mejor, cómo influye la sombra en su crecimiento y cuál es el rendimiento económico de cada combinación”.
El proyecto contempla continuar con producciones como trigo, cebada, avena y leguminosas. “La energía y la producción de alimentos no necesariamente tienen que competir por el uso de la tierra”, resume el ingeniero.
Con la impronta del argentino
Francisco impulsó el proyecto mediante el documento Fratello Sole, firmado en junio de 2024. La iniciativa trasladaba al terreno de las inversiones una preocupación que había expresado en la encíclica Laudato si', de 2015, dedicada al cuidado de la casa común.

La Santa Sede firmó en julio de 2025 un acuerdo con Italia para desarrollar la planta, que entró en vigor en mayo de 2026. Un mes después, León XIV creó formalmente la Fundación Fratello Sole para gestionar su construcción y funcionamiento. También se firmó un acuerdo de cooperación con la empresa energética ACEA.
Para Stella, la experiencia tiene una lectura que excede los límites vaticanos y alcanza a territorios productivos como Santa Fe. “No se trata de copiar el proyecto del Vaticano. Las condiciones económicas, climáticas, productivas y territoriales son diferentes”, aclara.
El especialista considera que establecimientos agropecuarios capaces de generar electricidad sin abandonar la producción de alimentos e industrias que aprovechen superficies disponibles para reducir costos energéticos representan alternativas que merecen estudiarse.










