La administración del presidente estadounidense Donald Trump anunció una profunda modificación en las condiciones de permanencia para los estudiantes extranjeros y visitantes de intercambio que ingresan a los Estados Unidos bajo programas académicos.
Estados Unidos limita las visas para estudiantes extranjeros e impone tope de permanencia
La administración de Donald Trump eliminó el histórico mecanismo de "duración del estatus", vigente desde 1978. A partir de ahora, los titulares de visas académicas F y J tendrán un tope máximo de estancia de cuatro años, lo que desató críticas en el sector educativo.

La medida, dictada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), oficializa la eliminación de un mecanismo migratorio que estuvo vigente durante casi medio siglo y redefine las reglas para las comunidades educativas internacionales dentro de los campus norteamericanos.
La nueva reglamentación suprime formalmente el esquema conocido como "duración del estatus" (duration of status), un beneficio implementado en 1978 que permitía a los ciudadanos extranjeros permanecer en territorio estadounidense por tiempo indefinido, siempre y cuando conservaran su condición de alumnos regulares y mantuvieran vigentes los propósitos de su autorización migratoria.
Bajo las nuevas directrices federales, los titulares de las visas F (estudiantes universitarios) y J (visitantes de intercambio) verán supeditada su estadía al tiempo que demande su programa de estudios, el cual ahora tendrá un estricto tope máximo de cuatro años de duración.

Nuevos topes y restricciones
Según detallaron las autoridades migratorias, los estudiantes internacionales serán admitidos estrictamente por el período que dure el programa para el cual recibieron la debida autorización. Sin embargo, bajo ningún concepto esa permanencia automática podrá superar los cuatro años, independientemente de si la carrera o actividad de posgrado se extiende por un lapso cronológico mayor.
Si un estudiante requiere de más tiempo para finalizar su trayecto académico, deberá iniciar un riguroso y formal trámite de solicitud para una Extensión de Estadía (Extension of Stay) de manera directa ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS).
Además de fijar este límite uniforme, la normativa introduce trabas adicionales para el alumnado internacional: se limitarán severamente las posibilidades de cambiar de carrera o transferirse de universidad a mitad de cursada sin una justificación de fuerza mayor autorizada por el gobierno.
Asimismo, el tradicional período de gracia postgraduación —el tiempo legal permitido para que los estudiantes organicen su regreso, realicen pasantías o gestionen un nuevo estatus tras finalizar las clases— se reducirá drásticamente a la mitad, pasando de los 60 días habituales a tan solo 30 días.

El argumento oficial
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, fundamentó la medida señalando que el antiguo esquema representaba una vulnerabilidad constante para el control migratorio.
"Durante casi medio siglo, el obsoleto sistema de duración del estatus comprometió la seguridad nacional y creó un entorno propicio para el fraude migratorio", sentenció el funcionario, quien criticó la proliferación de "estudiantes eternos" que se inscribían sucesivamente en cursos con el único fin de evitar el abandono del país.
Con este giro, la Casa Blanca busca ejercer un monitor eo continuo sobre el estatus de los extranjeros dentro de sus fronteras.

Preocupación universitaria
El anuncio sembró una fuerte incertidumbre en los rectorados de las principales universidades y centros de estudio de Estados Unidos. Diversas asociaciones de educadores internacionales criticaron el cambio de políticas al argumentar que introduce una pesada carga burocrática e inyecta desconfianza y temor en un sistema que funcionaba de manera efectiva.
Los académicos advierten que la rigidez de los plazos ignora la realidad de muchas carreras de grado y programas de doctorado que, por diseño, exceden el límite de los cuatro años, lo que podría acelerar la tendencia a la baja en la matrícula de estudiantes extranjeros, un sector clave que financia gran parte del sistema universitario estadounidense al no calificar para ayuda financiera federal.








