Macron descartó una intervención francesa para reabrir el estrecho de Ormuz
El presidente francés aseguró que su no intervendrá en operaciones para reabrir el estrecho de Ormuz mientras continúe la actual escalada en Medio Oriente. París solo contempla escoltar buques en un escenario de desescalada.
Macron descartó una intervención francesa en Ormuz mientras siga la guerra. Foto: Reuters
Emmanuel Macron fijó este martes una posición tajante sobre uno de los puntos más sensibles de la crisis en Medio Oriente. El presidente francés afirmó que su país no participará en operaciones para reabrir el estrecho de Ormuz “en el contexto actual”, en una definición que marca distancia respecto del pedido impulsado por Donald Trump a sus aliados.
La declaración fue realizada durante una reunión del Consejo de Defensa y de Seguridad Nacional dedicada a la situación en Irán y a la evolución del conflicto regional. Allí, Macron sostuvo que Francia no es parte de esta guerra y remarcó que cualquier eventual intervención para asegurar la navegación solo podría discutirse más adelante, en un escenario de cese del fuego o descompresión militar.
El estrecho de Ormuz concentra una porción clave del comercio energético mundial. Foto: Reuters
París se despega del operativo que impulsa Washington
La postura francesa apareció después de que Trump reclamara apoyo internacional para escoltar barcos a través del estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global. El paso concentra cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se transporta por mar en el mundo, por lo que cualquier interrupción tiene impacto inmediato sobre precios y abastecimiento.
Macron, sin embargo, dejó en claro que Francia no se sumará a una misión militar de reapertura mientras persistan los combates. La alternativa que sí mencionó fue una posible participación en tareas de escolta o seguridad marítima una vez que la situación se estabilice, algo que requeriría negociaciones previas y un marco político distinto al actual.
La posición de París no quedó aislada dentro de Europa. También desde la Unión Europea se insistió en que la prioridad pasa por encontrar una salida diplomática y no por ampliar de inmediato el despliegue militar en la zona. En Bruselas se reconoció la importancia de mantener abierto Ormuz, pero sin mostrar voluntad de avanzar con una misión naval europea en ese frente.
Ese mismo clima de cautela se extiende a otros gobiernos europeos. La resistencia a involucrarse de manera directa en una operación militar responde tanto al riesgo de una escalada mayor como a la incomodidad política por un conflicto en el que varias capitales sostienen no haber sido consultadas previamente.
Europa prioriza una salida diplomática antes que una misión militar en la zona. Foto: Reuters
Ormuz, un paso estratégico bajo máxima tensión
La discusión sobre el estrecho de Ormuz se volvió central porque se trata de una de las arterias marítimas más sensibles del planeta. En medio del conflicto, el tránsito de buques se desplomó de manera abrupta y la incertidumbre golpeó a aseguradoras, operadores logísticos y mercados energéticos. Datos recientes muestran un derrumbe de alrededor del 90% interanual en el movimiento de barcos por ese corredor.
En paralelo, también crecieron las advertencias sobre los límites de una respuesta puramente militar. Desde el ámbito marítimo internacional se señaló que las escoltas navales no garantizan por sí solas una navegación segura y que, sin desescalada, el riesgo para tripulaciones y buques seguirá siendo alto.
La frase del presidente francés ordena, al menos por ahora, la posición de París: no habrá participación en un operativo para forzar la reapertura del estrecho mientras continúen las hostilidades. Francia apuesta a preservar margen diplomático y a reservar cualquier intervención para una fase posterior, vinculada a la protección de la navegación en un escenario menos volátil.
Esa señal, además, expone las dificultades que enfrenta Washington para construir una coalición amplia alrededor de Ormuz. En un conflicto que ya impacta sobre energía, comercio y seguridad internacional, Europa muestra más disposición a discutir salidas políticas que a involucrarse en una nueva operación militar en el Golfo.