El mundo se partió en dos tras la ofensiva de EE.UU. en Venezuela y la detención de Maduro
La operación militar ordenada por Donald Trump que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York reconfiguró en menos de 24 horas el mapa diplomático global. Mientras algunos gobiernos celebraron la caída del líder chavista, potencias y aliados regionales denunciaron una violación del derecho internacional y exigieron una reacción urgente de la ONU.
Caracas, tras los ataques: el operativo de EE.UU. disparó una crisis global. Foto: Reuters
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su envío a Nueva York dejó de ser un episodio regional: en horas se convirtió en un test global sobre soberanía, derecho internacional y poder duro. La escena del operativo, con ataques en Caracas, partió el mapa de apoyos y rechazos.
La discusión no se limita a la figura del líder chavista. En muchas capitales, el eje es el método: una intervención militar sin aval explícito del Consejo de Seguridad. Ese punto explica por qué gobiernos críticos de Maduro igual marcaron distancia de Washington.
Apoyos clave
En el bloque que celebró el golpe, Argentina quedó como la voz más estridente en la región. Javier Milei respaldó la captura y la leyó como una victoria “por la libertad”, alineándose con la lógica de cambio inmediato que impulsa la Casa Blanca.
La narrativa de ese grupo se apoya en el expediente judicial: narcotráfico, redes criminales y violaciones a derechos humanos. Para quienes apoyan, la operación abre una ventana para ordenar una transición con supervisión externa y salida rápida del chavismo del poder.
Israel también expresó respaldo político a Trump, enmarcando el episodio en su agenda de seguridad y en la denuncia de vínculos del chavismo con actores hostiles a Occidente. El apoyo, en este caso, opera como mensaje geopolítico más allá de América Latina.
Milei respaldó la captura; Brasil y México condenaron el uso unilateral de la fuerza. Crédito: Reuters
Condenas duras
Del otro lado, Brasil describió la captura y los bombardeos como un quiebre “inaceptable”. Lula da Silva, que ya había tensado con Washington por la región, puso el foco en la no intervención y en el riesgo de contagio: frontera, migración y conflicto interno.
México se movió en la misma línea: rechazo a la fuerza unilateral y llamado a una salida política sin “capturas extrajudiciales”. La postura mexicana, histórica en la doctrina de no intervención, se volvió uno de los anclajes diplomáticos del bloque crítico.
China sumó una advertencia doble: cuestionó la legitimidad del operativo y alertó por impactos en estabilidad energética y comercio. Francia, en tono similar, habló de violación del derecho internacional y sostuvo que un cambio durable no puede imponerse desde afuera.
Europa cauta
La Unión Europea quedó en una zona gris: volvió a subrayar el déficit de legitimidad del chavismo, pero pidió respeto estricto por la Carta de la ONU. El mensaje busca evitar que el caso siente doctrina y, al mismo tiempo, impedir una escalada que fracture posiciones internas del bloque.
En esa cautela también se leen movimientos de gobiernos europeos que, aunque críticos de Maduro, no quieren aparecer avalando la acción militar. El resultado es un discurso en capas: condena política al chavismo, reparos jurídicos al método y pedido de desescalada inmediata.
Delcy Rodríguez asumió interinamente por orden del Tribunal Supremo venezolano. Foto: Xinhua
La grieta europea se potencia por un dato central: el operativo no solo terminó en una detención, sino también en ataques que afectaron áreas sensibles. Ese elemento empuja a varias cancillerías a demandar reportes verificables sobre víctimas y proporcionalidad.
Costo humano
El costo humano se volvió un acelerador del conflicto diplomático. Medios internacionales reportaron decenas de muertos tras los bombardeos, entre civiles y militares, y difundieron verificaciones de videos con explosiones y columnas de humo cerca de zonas estratégicas en Caracas.
Esa dimensión introduce una segunda discusión, además de la soberanía: la responsabilidad por daños colaterales y el encuadre legal de los ataques. A mayor número de víctimas confirmadas, más presión para una investigación internacional y para limitar nuevas acciones militares.
Mientras tanto, el oficialismo venezolano denunció una agresión y llamó a resistir. La crisis dejó al país en un estado de excepción político y operativo, con las Fuerzas Armadas bajo tensión y la población atrapada entre el shock del ataque y la disputa por el poder.
Poder interno
En Caracas, el Tribunal Supremo ordenó que Delcy Rodríguez asuma como presidenta interina por la “ausencia forzosa” de Maduro. La decisión busca continuidad administrativa, pero también funciona como gesto de cohesión: mantener la cadena de mando frente al vacío provocado por la captura.
La movida reabre la pelea por la legitimidad. Para Washington, la salida del chavismo es un hecho consumado; para el oficialismo, Maduro sigue siendo el presidente y su detención es ilegal. Esa colisión explica por qué el tablero externo se parte: no hay acuerdo ni sobre reglas ni sobre árbitros.
La fotografía final, por ahoora, es la de un mundo discutiendo en tiempo real qué vale más: el objetivo político de terminar con Maduro o el precedente de una potencia resolviendo el cambio por la fuerza. El mapa diplomático quedó trazado, pero la crisis recién entró en su fase más impredecible.