El bloqueo de internet, el corte de calles y las amenazas de los militares de que habrá más muertes, no frenó a los birmanos, que salieron a manifestarse desde la mañana en una convocatoria de huelga que ha paralizado el país. Hasta ahora, las protestas masivas inundaron las principales arterias de Rangún, la ciudad más poblada, Naipyidó y Mandalay, escenario de la sangrienta represión del fin de semana, así como otras muchas localidades a lo largo y ancho de la nación. Los asistentes reclamaron el restablecimiento democrático y la liberación de los presos políticos, que ya superan los 600, entre los que se incluye a la líder electa Aung San Suu Kyi.