Cada año, hasta hace cinco, los reyes de Holanda, Guillermo y Máxima, se dirigían el tercer martes de septiembre a la inauguración del curso político montados en la Carroza Dorada, un ostentoso carruaje de finales del siglo XIX del que protocolariamente tiran seis u ocho caballos, dependiendo de si dentro van el rey o la princesa heredera.


































