“Esto confirma lo que yo dije durante mucho tiempo. Si el dispositivo del que él habla, que son nada más y nada menos que los frenos, no se hubiera anulado, el tren no hubiera estrellado contra el andén. Lo hizo para descansar la mano, según luego termina confesando”, explicó esta mañana Gregorio Dalbón, uno de los abogados que participaron del caso. La cuestión de los frenos había sido eje de polémica en el juicio oral. Pero no fue la única cuestión que había sembrado dudas sobre el accionar del conductor del tren. El test que le realizaron al motorman varias horas después del accidente arrojó un valor de 0,13% de alcohol en sangre, algo que confirma que había consumido alcohol, inadmisible para un chofer profesional de un servicio público de transporte de pasajeros.