Nos escribe Alejandra (43 años, Uribelarrea): "Hola Luciano, te escribo porque -bien cortito y al pie- quiero preguntarte para qué sirve el amor. ¿Es necesario que haya amor antes de que se forme la pareja? ¿O es posible que el amor venga con el tiempo?"
¿Para qué sirve el amor?
El amor no es solo deseo de compañía; es una fuerza que cambia vidas, revelando aspectos de nosotros mismos a través de la conexión con otra persona.

Querida Alejandra, muchas gracias por tu mensaje, que permite retomar las consultas sobre pareja que llegaron en el último tiempo. ¿Para qué sirve el amor? Demos una respuesta osada: para transformar la vida. El amor es una fuerza transformadora. Que pueda ser un sentimiento, una pasión, o que pueda ir acompañado de mariposas en el estómago, es algo secundario.
Nadie que ama -nadie que haya amado- vuelve a amar de la misma manera. Después de un amor, es posible que venga otro amor, pero lo cierto es ya no se amará de la misma forma. El amor no se relaciona directamente con las ganas de estar con alguien, ni tampoco se confunde con el deseo de compañía. En todo caso, estos últimos anhelos pueden ser el motivo por el que alguien quiere estar en pareja.

Ahora bien, el amor y la pareja son cuestiones muy diferentes. Cuando no tenemos presente esta distinción, corremos el riesgo de pedir mucho más de lo que estamos dispuestos a dar, o bien estamos expuestos a relaciones paradójicas, en las que alcanza con el que otro sea una presencia asegurada para que ya no nos interese.
Detengámonos en este último aspecto. Lo que ocurre en este tipo de situaciones es que se vive mucho más con el interés de ser amado que con la vocación de amar. Son conocidos los casos de quienes desesperan en la etapa de la conquista, en esos primeros momentos de un vínculo que, cuando ya está afirmado, se vuelve insulso.
En este punto me importa hablar de -y hablarles- a quienes están involucrados en el deseo de amar; es decir, a quienes están dispuestos a que su vida se modifique. Cuando uno tiene una vida demasiado estable, y quizá hasta rígida, no está en las mejores condiciones para un amor, salvo que esté abierto al riesgo de cambiar, a conocerse (a sí mismo) de una manera diferente.
Seamos más claros, incluso explícitos: el amor es una capacidad única para conocernos a nosotros mismos a través de otro, en la medida en que este otro nos va a presentar su mundo, un mundo en el que nos podremos ver y habitar, según el cual adquiriremos aspectos que hasta cierto momento nos resultaban impensables.
¿Es la relación de pareja la única en la que se juega el amor? Por supuesto que no, pero sí después de cierta edad la pareja es una ocasión privilegiada, porque tiene dos rasgos que se comparten con los vínculos en que primero se manifiesta el amor (la relación con los padres): la constancia y la dependencia.

Por esto último es que hay quienes aman y no quieren saber nada de avanzar hacia una pareja. De la misma manera es que hay quienes prefieren una pareja que no esté constituida desde el amor. Si acaso el enamoramiento es una condición necesaria para el establecimiento del amor de pareja, es un tema para considerar en otro contexto.
Sigamos ahora un poco más con el amor. La función reveladora del amor no es solo sentimental, sino de experiencia. A través del amor, nos predisponemos a dar(nos). Por ejemplo, es muy difícil que pueda amar a otra persona si no le doy mi tiempo. Esto no quiere decir que resigne cosas, sino que me importe lo que ocurre en la vida del otro.
Cuando le doy mi tiempo, quiere decir que estaré pendiente (esta es la dependencia que importa) de lo que esa persona vaya viviendo y su tiempo engrosará mi tiempo. En mi vida ya no solo importará mi tiempo, sino el del otro y, tal vez, en cierta ocasión deje de hacer algo porque el tiempo será el ajeno. Aquí no habrá ninguna resignación, sino una construcción de lo común.
Esto es algo que se expresa muy bien la canción "Brillante sobre el mic", de Fito Páez. Esta una canción que suele usarse para las despedidas. Fines de cursos, viajes de egresados, a veces es de las últimas canciones que se ponen cuando termina una fiesta. Quizás por la melodía se piensa como una canción triste.
Sin embargo, es una canción muy alegre (sobre todo lo que nos deja lo perdido) y, por lo tanto, llena de esperanza. No conozco la historia de la letra, pero sospecho que es una canción para Fabiana Cantilo. Es muy potente que en el mismo disco en que hay una canción para una mujer ("Te vi", para Cecilia Roth), después de una sobre la muerte ("Tumbas de la gloria"), aparezca otra para otra mujer.

A esta última también dice haberla visto: "Yo vi tu corazón/ brillante sobre el mic/ en una mano/ y ausente de las cosas/ pensaste en dejarlo y tirarlo/ junto a mí". "Tu corazón brillante sobre el mic en una mano" es una imagen increíble. Toda la esencia de esa mujer está en el acto de cantar. Pero ahora viene lo que ya es supremo: "ausente de las cosas, pensaste en dejarlo y tirarlo".
¿Qué es esto? ¿Es una mujer que se sacrifica por un hombre? Jacques Lacan decía que el goce femenino hace a la mujer "en alguna parte ausente de sí misma". Lejos de ser un goce que se tiene o se experimenta como tal, se revela como una separación. Ese goce -que no es solo de las mujeres- es el único que es compatible con el amor. Esto dice Lacan en el seminario "Aun".
Y también lo expresa la canción cuando dice: "La noche que dejaste de actuar, solo para darme amor". ¿Cómo renunciar a lo más propio sin que eso sea privarse? ¿Hay un amor que puede ir de la mano de dejarse de lado, pero sin que sea olvidarse?
Estamos acostumbrados a pensar que la renuncia es sacrificio, pero... ¿no hay un sentido del don en el que se recupera más que lo perdido? "Brillante sobre el mic" es una canción sobre el amor y su inmenso valor místico, que va más allá de un sentimiento. Es la transformación de una vida.
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