Yo te odio, tú me odias y él nos odia. Conclusión: nos odiamos. ¿Pero qué es el odio? Para definirlo por lo que no es, diríamos que es falta total de empatía, de amor, de respeto y valoración, a lo que se suma, deseos de males sobre la persona que se odia. Componentes del amor son la solidaridad, la compañía, los buenos deseos, el cariño, la ternura y todo lo que se le parece.
El odio de cada día: una gangrena en el cuerpo social
Una reflexión profunda sobre el avance de la intolerancia en la sociedad actual, sus graves consecuencias colectivas y la urgencia de recuperar la empatía.

El odio, además de carecer de amor, es un sentimiento negativo, totalmente negativo, porque además de no querer, lo que busca es la desvalorización, rechazo y destrucción del otro. Al odio se llega por distintos motivos. Por ejemplo, uno considera que necesita algo importante para poder vivir y no se lo dan, como el dinero.
Uno trabaja y no le pagan lo justo y eso que me roban lo utilizan para darse placeres superfluos ya veces dañinos, entonces lo odiamos. Podemos decir también que el odio es un sentimiento que va creciendo de a poco como un río que aumenta su caudal e inunda las tierras más bajas.
Conozco parejas que se odian después de un tiempo de casados porque mutuamente no se dieron el cariño y lo que necesitaban para vivir en paz y alegría. Digamos que este es un odio casero, pero hay otros de mayor extensión y merecen también mucha atención y es el odio social.
A este odio se lo fomenta porque es un fermento para la lucha. Ese odio abarca a sectores sociales distintos que se agreden mutuamente. Hay grupos de pobres que odian a los ricos y grupos de ricos que odian a los pobres. Los primeros no tienen lo necesario y los segundos, porque les sobra, derrochan el dinero en lujos innecesarios y a veces provocativos.
Esta situación requiere atención por parte de los que dirigen la sociedad ya sean políticos, grandes empresarios, jueces, obispos y curas. Y desde esa pirámide de posicionamiento, podemos ir bajando a otros estratos. El odio es como una gangrena que entra en el cuerpo social y lo pudre todo como un cáncer.
Es de difícil recuperación y de rápida extensión entre los destinatarios y entre los que lo producen. Es totalmente negativo. Es por eso que nos cabe la responsabilidad de extirparlo antes de que se propague y contamine a todos.
El odio es un sentimiento que puede llegar a ser irracional o sea sin razón válida, y puede que se extienda espontáneamente, sin promotores importantes y tome rango de peste, de epidemia.
Importa estar atentos y activar los antibióticos sociales que pueden ser tanto exposiciones científicas en lugares adecuados, sermones en las Iglesias, charlas organizadas por instituciones en sus lugares de funcionamiento o espontáneas, en los bares o comedores.
Es importante prender las alarmas para no contagiarnos de esa desgracia. Pero también quiero hacer notar que existen usinas que producen el odio hasta con motivos banales, porque le producen ganancias, prestigio o poder. De esto debemos estar atentos para no dejarnos engañar. Hay grupos mafiosos interesados en el tema y recurren a la IA y nos pueden llegar a confundir.
Podemos decir sin peligro a equivocarnos que estamos viviendo una etapa de mucha confusión. No podemos distinguir fácilmente lo que es verdad y lo que es mentira, y eso es grave porque queriendo hacer lo que nos parece normal y bueno, estamos patinando en el lodo hacia un vacío sin retorno.
Aquí podemos ejemplificar con los medios de comunicación social habituales, las llamadas redes sociales y diversos cantos de sirenas. La mentira ha tomado un rango social superlativo porque nos miran desde las etiquetas de los alimentos que consumimos hasta los discursos gubernamentales con estadísticas falsas y dibujadas.
Los mentirosos han tomado el poder y hay que destronarlos. O sea, bajarlos del trono donde se subieron con artimañas habitualmente deshonestas. Seamos militantes de la verdad, de la justicia, de la ayuda mutua y de un futuro de grandeza.
Me llegó información de que en la Cámara de Diputados de la provincia ha entrado un proyecto para declarar a Santa Fe un territorio libre de discursos de odio y promover una convivencia democrática basada en el respeto a la dignidad humana, la igualdad y la no discriminación (ver Aclaración). ¡Para mí es una muy buena noticia! ¡Y espero que algún día se haga realidad!
Aclaración
El proyecto de ley provincial para declarar a la provincia de Santa Fe libre de discursos de odio se encuentra frenado y con cierta resistencia en la Cámara de Diputados en la actualidad, debido fundamentalmente a fuertes debates sobre la libertad de expresión.
Al respecto puede leerse la nota "Diputados de Santa Fe define los alcances del procedimiento Contencioso Administrativo y discursos de odio", de Mario Cáffaro, para El Litoral y Mirador Provincial (2 de septiembre de 2026).
Tratados internacionales
Diferentes convenciones y tratados internacionales condenan el discurso de odio de diversas maneras:
- La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial condena, en su artículo 4, la difusión de ideas de superioridad racial. Concretamente, hace referencia a la propaganda de ideas basadas en la superioridad de un grupo de personas por su raza, color u origen étnico, justificando a la vez el odio o discriminación.
- Recomendación R (97) 20 del Comité de Ministros del del Consejo de Europa. Define el discurso de odio y recomienda realizar políticas con enfoques que analicen las causas del fenómeno, la ratificación de la Convención y que se aúnen las medidas que conjuguen tanto el respeto por la libertad de expresión como el respeto por la dignidad, reputación y otros derechos. Insta a no realizar ni amparar este tipo de declaraciones, desautorizándolas públicamente y estableciendo un margo legislativo en el que las limitaciones sean proporcionales a la gravedad de las actuaciones.
- Recomendación 7 de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa. Afirma que la libertad de expresión, de reunión y de asociación deben restringirse con el objetivo de combatir el racismo, respetando los límites que establece el Convención Europea de Derechos Humanos. Además, insta a penalizar a organizaciones y propaganda racistas.












