Estimado lector, no es mi intención escribir una innecesaria apología del general José de San Martín, aunque sea muy digno de ella, ni un escrito académico, o algo meramente informativo. Solo pretendo dejar constancia de mi inmenso agradecimiento y admiración por todo lo que realizó en su dura y difícil vida miliar y política.
General José de San Martín, grande entre los grandes
El Libertador de América personificó, entre otras inquebrantables virtudes, la valentía y el ingenio militar. Su legado perdura en cada rincón de nuestra historia continental.

Sus primeros años
Es difícil querer adjetivar a San Martín para definirlo en su personalidad, pero hagamos un intento. Nació en Yapeyú, un pueblito de la provincia de Corrientes. Su padre era gobernador de esa misión, luego de la expulsión de los jesuitas en 1767.
Después de unos años fue trasladado a Buenos Aires, donde Josecito hizo sus primeros estudios. Nuestro héroe fue de una personalidad valiente desde niño. A los 11 años ingresó como cadete en un Instituto Militar de España donde por razones diplomáticas vivía con sus padres.
A los 13 años participó en África en su primera batalla contra las fuerzas napoleónicas. Y a los 15 años fue designado coronel al frente de un batallón por sus capacidades de estratega militar. Siendo militar de España, nunca olvidó su patria, y por eso mismo en 1812 decidió, con otros amigos argentinos, volver a su tierra natal y ponerse a las órdenes del Triunvirato gobernante.
Por razones de celos y envidias, pretenden alejarlo de todo poder porteño y se le encarga crear una fuerza militar para frenar a los españoles que desde Montevideo venían a saquear el territorio argentino.
Primer combate en suelo patrio
Fue entonces que San Martín pergeñó la creación del cuerpo de Granaderos a Caballo para enfrentar a la infantería realista, situación que se produjo en el combate de San Lorenzo, donde obtiene el primer y único triunfo en tierras argentinas. Esto le dio prestancia y a la vez surgieron los celos en su contra.
El Triunvirato influenciado por Bernardino Rivadavia pretende alejarlo de Buenos Aires y lo envían al norte argentino para suplir al general Manuel Belgrano que habiendo perdido dos batallas, pedía su baja.
Belgrano y San Martín se encuentran en la posta de Yatasto (Salta), en donde se replantea la defensa del norte argentino y, desde allí, un posible avance hacia la emblemática ciudad de Lima, la todopoderosa capital del Virreinato del Perú, donde estaba una de las grandes bases del poderío español en América.
San Martín y Belgrano, con el sustancial e imprescindible aporte de Martín Miguel de Güemes, llegan a la conclusión que ir por el norte es suicida y que lo único posible es cruzar a Chile y desde allí, por mar, llegar a la capital peruana.
Fue entonces que Güemes asume el compromiso con sus gauchos y sus tácticas de "guerra de guerrillas" para detener a las fuerzas realistas, frenando así dos invasiones de los "maturrangos" que bajaban desde Bolivia.
La base en El Plumerillo
A partir de allí, la hazaña con la que muchos sueñan -especialmente San Martín-, comienza a tomar forma. Hay que partir desde Mendoza como base de la acción. Se necesitaba mucho dinero y varones dispuestos para proponerse la libertad y unión de los países vecinos, Chile y Perú. Y así formar una Confederación para consolidar el espacio latinoamericano de habla española.
Para ello, San Martín se hace nombrar gobernador de Cuyo con sede en Mendoza.Y en El Plumerillo empieza a trabajar para cumplir el objetivo de expulsar a los españoles de todo el territorio americano.
Si en San Lorenzo pudimos ver fundamentalmente al San Martín estratega y combatiente, firme conductor de su tropa, en Mendoza podremos observar su innegable capacidad política, claridad y pragmatismo para gobernar, y su inclaudicable decisión para lograr el afianzamiento de sus planes militares.
Habló sobre sus intenciones con todos los estamentos sociales y sobre todo con las organizaciones indígenas, para poder aliarlos a su gesta libertadora. Estos habitaban los valles entre las montañas, y conocían el terreno y todos los pasos para cruzar a Chile, eso importaba y mucho.
Y los convenció con sus argumentos pero principalmente porque se igualó con ellos al decirles "Yo soy indio" , haciendo referencia a Rosa Guarú, su madre guaraní , quien fue su nodriza en su sies primeros años de vida.

El Ejército de los Andes
Armar el Ejército de los Andes le llevará dos años. No recibió ayuda de Buenos Aires. Rivadavia estaba en contra de la empresa. Y tuvo que convencer a los habitantes cuyanos de la necesidad del ideario, pidiéndoles caballos y mulas, más la ayuda económica y por, sobre todo, sumar cadetes de soldados.
El reclutamiento fue entusiasta y generoso entre los civiles libres, los libertos, los esclavos, los negros y los indígenas. Y a principios de 1817, con aproximadamente 5.400 hombres (*), 2.000 caballos y 10.600 mulas, más el alimento de "charqui" (carne secada al sol) y los pertrechos de guerra, inició la hazaña nunca vista en el mundo conocido.
Cruzar una cordillera de 5.000 metros de altura de cuatro cordones de picos nevados a una temperatura de día más allá de los 30 grados y de noche de menos 10 o 15 grados. En el cruce, que duró algo más de veinte días, murieron unas 300 personas y más de 1.000 animales desbarrancados porque no se adaptaban al duro clima de los Andes.
Esta proeza de nuestro Libertador, superó lo que habían hecho tanto Aníbal el cartaginés o Napoleón Bonaparte, en cruzar los Alpes, la cadena montañosa más extensa de Europa de 1.200 kilómetros de extensión con una altitud de 4.800 metros.
El duro cruce, Chacabuco y Maipú
San Martín como estratega hizo todo lo mejor. Los analistas contemporáneos nuestros, no terminan de alabarlo por su valentía y estrategia militar. En las tantas paradas que tenían que hacer para comer, dormir o descansar, se flexibilizaba la rigidez militar, con guitarreos y cantos criollos que fortalecían el espíritu nacional. Ahí se notaba la empatía de Don José para con la tropa.
Su valentía, su estoicismo, su amabilidad y su don de gente, así como su comprensión por la entrega generosa de quienes marchaban con entusiasmo e hidalguía, era muy notoria y eso entusiasmaba a todos los valientes que hacían el cruce del coloso.
Al bajar de las montañas se encontraron con los enemigos que los esperaban por distintos pasos y que San Martín logró despistar gracias a la información voluntariamente equivocada que llevaban indígenas espías incluyendo mujeres.
La primera batalla en territorio chileno fue la de Chacabuco (1817), triunfo de las tropas libertadoras que marcó el cambio de soberanías. Después, tras el tropiezo en Cancha Rayada, llegó la definición con la batalla de Maipú (1818), siendo ambas victorias el inicio de la liberación de Chile de toda dominación española.
Bernardo O'Higgins, director supremo de Chile, con el aporte del general argentino, pudo consolidar la lucha por la independencia de una parte importante de América del Sur.
La libertad del Perú y el proyecto de Bolívar
Con la flota que se pudo armar que llegó a Lima (1820) fue de un total de 4.118 hombres entre argentinos y chilenos y después de complicados encuentros bélicos y diplomáticos, se proclamó la libertad de ese pueblo el 28 de julio de 1821.
Los peruanos quisieron nombrar a nuestro líder como Emperador, pero San Martín, que creía en la democracia y la necesaria participación de todos, solo aceptó ser nominado Protector del Perú. En su primer anuncio de libertad, incluyó a los esclavos y a los yanaconazgos de diverso tipo.
Fundó escuelas, la Biblioteca de Lima con un número importante de libros y se preocupó por la agricultura, protegió la vitivinicultura y la ganadería del Perú. Y llegó un primer final, Guayaquil: 27 de julio de 1822.
San Martín se reúne con Simón Bolívar, que luchaba para formar La Gran Colombia (Venezuela, colombia, Ecuador y Panamá) y procuraba integrar a los países latinoamericanos que buscaban su libertad. A este episodio histórico se lo conoce como "El encuentro de Guayaquil" o "Entrevista de Guayaquil".
Con el correr de los años, a la aspiración bolivariana de extender la gesta emancipadora se la denominará "Patria Grande", concepto político e histórico de la unidad e integración de los pueblos de Hispanoamérica y el Caribe como una sola nación o comunidad cultural.
Y aunque había un plan geopolítico unificado que estaba guiado por la búsqueda de una independencia total y no parcial, no se llegó a un acuerdo en la conducción de las acciones políticas y militares.
Nuestro héroe, para reafirmar que no era un "conquistador" sino un libertador, se aparta de la comandancia de su ejército y le cede el mando a un intransigente Bolívar. San Martín regresa a Lima. Allí renuncia a su cargo político y decide volver a su país, con la humildad y la simplicidad de los grandes héroes.
Este gesto fue catalogado como "La gran renuncia". Y no era para menos. Bolívar no necesariamente era más relevante como libertador que San Martín, pero era venezolano y ese norte de América, estaba muy lejos de las posibilidades de un militar argentino.
Además, y casi fundamentalmente, sus enfermedades lo maltrataban, especialmente su úlcera sangrante de estómago. San Martín regresa a Chile y desde allí vuelve a cruzar la cordillera de los Andes con un grupito de soldados y llega a Mendoza. Su esposa Remedios de Escalada, la que había dirigido el bordado de la bandera de los Andes, había muerto, le quedaba sólo su hija, Merceditas.
El final de sus días
En Buenos Aires no le dieron los honores que se merecía porque las luchas políticas internas temían que pudiera pretender, como lo hubiera merecido, algún cargo en el nuevo gobierno. Además Bernardino Rivadavia, que lo celaba sin motivos valederos, lo amenazó con juzgarlo por haber desobedecido órdenes del Triunvirato.

Por lo cual, San Martín entra a Buenos Aires de forma encubierta, busca a su hija en la casa de los abuelos maternos y sube a un barco inglés que estaba en el puerto capitalino (1824) e inicia su ostracismo, condenado por quienes deberían honrarlo.
En 1829, enterado de las disputas políticas en Buenos Aires, regresa con la finalidad de ser útil, pero no baja del barco, al enterarse que habían fusilado a Manuel Dorrego, muy allegado a su ideario. Nunca le habían pagado sus sueldos de militar porque Rivadavia -que nunca quiso a nuestro héroe- decía que "no correspondía".
Todo se acumuló hasta 1839, cuando Juan Manuel de Rosas le paga todo lo adeudado. Con ese dinero y la ayuda de un amigo francés, se compró un departamentito en París y una casa de campo en Boulogne Sur Mer, donde pese a los cuidados de Merceditas, deja de existir el 17 de agosto de 1850. Sus restos fueron repatriados a los treinta años, recién en 1880 bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda.
¡Gloria al Gran Libertador!
(*) De acuerdo a fuentes revisadas, los hombres involucrados en el cruce fueron 5.424, cifra que incluye tres generales, 28 jefes, 207 oficiales y 2.106 granaderos. Entre la bibliografía consultada puede mencionarse la obra "Anales históricos de la revolución de la América Latina, acompañados de los documentos en su apoyo", de Carlos Calvo (1864).














