Poemas y mensajes de los lectores
En tiempos como los actuales, volver a las tradiciones ofrece consuelo. Bárbara Korol, con uno de sus "Poemas desde el sur", reflexiona sobre el poder del pan casero para sanar y conectar con nuestras raíces. También nos volvieron a escribir otros colaboradores que expresan -de una u otra forma- a través del Buzón de Sugerencias sus ideas, convicciones e inquietudes.

BÁRBARA KOROL
Ando con una sensación de pánico. Debe ser la incertidumbre de ignorar que cimbronazo tendrá la realidad e inquietará la cautela de mi casa. Me empeño en despegar del terremoto visual, del Babel informativo, que mezcla todo y que confunde. No sé que hacés vos para calmar la ansiedad, ahora que hasta la nostalgia está envasada.
Yo, vuelvo a esos hábitos antiguos, a esas costumbres que se filtran de la memoria con su mansedumbre de crianza. Hace frío, y la estufa a leña modula sus candores. En silencio preparo la masa para el pan. Recuerdo la prosa limpia de los campos, el ámbar resistiéndole a la soja, y el cielo esparciendo su abundancia de puro sol y rica lluvia.
Mis dedos parten, estiran, unen nuevamente lo que alguna vez fue espiga bailando con el viento. Deconstruyo y recreo los misterios del gluten. Al emplear la firmeza, la suavidad precisa en cada movimiento venero este ritual de las abuelas, la sabia decisión de nutrir la descendencia.
Espolvoreo sobre los bollos miscelánea de semillas. Tal vez sean en el cuerpo como en la tierra. Hagan germinar sus impulsos y anuncien auroras de inocencia, que dejen rastro de miga en mis poemas. Me gusta volver al trigo. Sentir la generosidad de la Patria sobre la mesa y la risa de mi hija disfrutando el desayuno.
Quizás sea preciso retomar los recónditos senderos del cariño buscar en la claridad del alma la fuerza para abrazar nuestro destino. Sin apuros, ir sanando esas heridas que nadie sabe que tenemos. Darle un poco de sentido a la locura de un tiempo que nos tiene de rehén con sus demandas. Nos hace falta tanto el amor, como al pan la caricia de los niños.
(*) Poema en prosa, para el ciclo "Poemas desde el sur" de la autora.
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Un buen día para celebrar
MATÍAS ANÍBAL ROSSI
El 24 de junio de 1987 nació Leo Messi. Son 39 años, casi todos jugando con una pelota, hasta hoy. A menudo se escriben estadísticas de sus enormes logros, trofeos, goles, asistencias.
Pero creo que lo que queda es la emoción del recuerdo en el arte de su fútbol, mil veces repetido en todas las canchas del mundo, su esfuerzo basado en el juego limpio, mancomunado con sus compañeros y el respeto a sus adversarios.
Competir al límite de sus fuerzas y siempre entendiendo el deporte como una escuela de virtudes, en especial para los más jóvenes. Para Leo esa forma de jugar no ha sido difícil y resulta natural porque es parte de su forma de ser también fuera del campo de juego, en su vida familiar.
Así que los argentinos tenemos no solo al mejor de la historia, sino también a un embajador de los principales valores deportivos que exigen integridad, moral y honradez, además del virtuosismo sobre el verde césped.
Su incomparable trayectoria le concedió una vitrina de trofeos sin parangón en el mundo. Pero allí también está, intangible pero grandiosa, eso que se llama ética. En este Mundial la Argentina y Messi podrán ganar (ojalá) o perder. Pero su ética, que corona un palmarés incomparable, siempre brillará vencedora. 24 de junio, un buen día para celebrar esto que llamamos un buen deportista.
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¿Dinero digital o físico?
MIGUEL ÁNGEL REGUERA
¿Por qué el pago digital es obligatorio y no facultativo? Es difícil de comprender por qué quienes proclaman ampliar los márgenes de libertad en la vida cotidiana, claudican frente a la decisión de los mercaderes de obligar a generaciones enteras (con mayor perjuicio para los adultos mayores, obviamente) a tener que realizar transacciones en forma digital, no aceptando canales de pago alternativos.
La transacción y el pago presencial, sea con dinero físico o con instrumentos bancarios debería ser sostenida por los organismos de Defensa del Consumidor, como "facultativa" para los ciudadanos que no desean adherir a estas nuevas formas de pago.
¿Por qué algunos no querrían abandonar el pago presencial? Primero por los costos, porque deberían acceder a herramientas como computadoras o teléfonos con capacidad operativa, que muchas veces no tienen, no llevan consigo o carecen de saldo o señal. Está claro que deberían tener acceso al servicio de internet, que no suele ser gratuito.
Segundo, la mayor parte de los afectados carece de los conocimientos técnicos para protegerse por si mismos de los riesgos del pago digital por la web. Uno de esos riesgos es que no desaparece la posibilidad de la clonación de las tarjetas físicas pues los ciberdelincuentes podrían tener acceso a todos los datos del consumidor y fabricar esas tarjetas.
Otras posibilidades de riesgo son el acceso a los datos personales y financieros, el envío de mensajes o mails para a través del "phishing" o pesca del desprevenido, provocar una estafa. También podrían resultar fraudes a través de la obtención de créditos o compras no deseadas.
Además es evidente que en caso de un mínimo error u omisión al pagar y transferir se dificulta recuperar el dinero abonado, frente a la inmediatez de la posibilidad de solucionarlo en una transacción presencial.
Creo que cada sistema de pago tiene sus ventajas y desventajas y debería existir siempre la posibilidad de elegir entre el pago presencial con el dinero de curso legal y forzoso como reza el Código Civil y Comercial, u optar por el pago a través de medios digitales para aquellos que se sienten mas cómodos y dispuestos a asumir los costos de este tipo de transacción.
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La unión
ALBERTO FABIÁN ESTRUBIA
Si me das tu mano
yo te doy la mía/
y si es un abrazo,/
se hará luz el día.
Si entregas palabras/
para mi sustento/
yo te doy mis versos/
para darte aliento.
Dime lo que piensas/
allá en tus adentros/
y podré decirte/
qué es lo que yo quiero.
Hay que abrir las puertas/
y dar pasos nuevos/
y prender el fuego/
de amor en el pecho.
Que nadie ande solo/
porque hay compañeros/
que esperan los llames/
para armar un ruedo.
Y si algunas nubes/
te tapan el cielo,/
síguelo buscando/
porque yo te espero.





















