Comienzo diciéndoles que el título de este trabajo no es mío, es del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún, quien en 1957 escribió una obra teatral con ese título. Y lo traigo a colación porque al verla en la década del 60, puesta en escena por el grupo teatral santafesino Llanura, me dejó muy golpeado y hoy me vuelve a salir a la superficie.
El hombre que se convirtió en perro
Desempleado y muy presionado por la necesidad, un hombre acepta un trabajo degradante que lo transforma profundamente, reflejando la lucha de muchos por sobrevivir.

Los momentos históricos se semejan pese a los tantos años transcurridos. Lo voy a recrear reduciéndolo, tomando los puntos más importantes: un hombre, casado y con dos hijos, se había quedado sin trabajo. Lo despidieron por los motivos de siempre: falto de tareas, exceso de personal, razones de economía y presupuesto, etc.
La cuestión era que el hombre, con mucha preocupación, comenzó a buscar un "algo" que le redituara los pesos suficientes para comer todos los días. Pero el trabajo realmente escaseaba. Y eran muchos los que deambulaban por la ciudad buscando algo para hacer. En una oportunidad vio un cartel que decía: "Busco perro guardián".
El hombre lo vio y sonrió. A los pocos días volvió a pasar por el lugar y al leerlo nuevamente, largó una puteada. Al llegar a su casa, la mujer le dijo:
- ¿Y? ¿Encontraste algo?
- No, nada. Dijo el hombre masticándose los dientes.
- Te digo... se terminó el aceite, el arroz, los fideos y la harina.
- ¿Hay papas? Preguntó el hombre.
- Sí. Dijo la mujer.
- Entonces hacé un puré y ponele picadillo. Mañana voy a ir por la zona sur, puede que vea algo.
La ronda continuó, pero con idénticos resultados. Cubrir el lugar del perro, le taladraba el cerebro. Durante el mate cocido, que funcionaba como cena, se animó y le comentó a su mujer la posibilidad de tomar ese lugar.
- No mi amor, eso nunca. Dijo la mujer y lo abrazó con ternura.
El hombre rompió en sollozos.
- Yo siempre obré bien, nunca jodí a nadie... ¿por qué me pasa esto?
Un silencio pesado se agolpaba en las paredes, el frío se filtraba por las hendijas. Era noche entrada cuando se fueron a dormir. A la mañana siguiente el hombre se levantó temprano. El viento soplaba helado. Antes de que se levantaran la mujer y los chicos, salió de su casa. Caminó unas pocas cuadras y golpeó una puerta de cedro oscuro. Un hombre que peinaba canas abrió la puerta y dijo:
- ¿Deseaba algo el señor?
- Vengo porque me propongo como guardián de su casa.
- Pero yo busco un perro. Dijo el anciano.
- Y yo busco trabajo... (le respondió el recién llegado) ¿cuánto pagaría?
- Y... unos 2.000 pesos por día más la comida. ¿Sabe ladrar?
- Sí.
- ¿A ver?
- ¡Guau, guau!
- Bien, puede comenzar ya. La cucha es grande porque la bestia era grande. Hay una canilla en el patio y un bañito en el fondo. La tarea es de lunes a sábado. Los domingos le quedan libres para estar a su casa.
Y así comenzó la historia. El hombre cumplía con el compromiso y se destruía día a día. Cuando los domingos iba a su casa no podía hablar con su mujer porque solo le salían ladridos. Tampoco podía besar a los chicos porque los mordía.
Y el final de la historia no lo recuerdo. Solo sé que hubo varios comentarios desgraciados cuando él terminó desapareciendo. Por eso mismo, estimado lector... si se anima, póngale usted un final. Pero antes, eche un vistazo en derredor suyo.


















