Cuando uno se piensa a sí mismo, lo primero que visualiza es su cuerpo. Ese cuerpo es material y sensible. Sensible al placer o al dolor y es como el living de la casa, por allí entra casi todo y por allí también sale. Somos sensibles por nuestros sentidos: vista, olfato, gusto, tacto y oído. Esas son las ventanas y puertas por donde entra todo lo que sentimos.
Somos desde el cuerpo
El autor reflexiona sobre la coexistencia del cuerpo y el espíritu, desafiando la percepción de supremacía de uno sobre el otro en la experiencia humana.

El color, el aroma, la música, la caricia, todo se percibe por los sentidos de nuestro cuerpo. Pero en nosotros, los humanos, eso no queda allí, al igual que una llovizna, nos penetra en lo más profundo de nuestra humanidad y se transforma en alegría, tristeza, miedo, paz, nostalgia.
Y este cuerpo sensible al tacto y a los sentimientos, puede exteriorizar lo que elabora en su interior y expresarlo por los mismos canales a través de la risa, el llanto, los suspiros y los besos. Y así cantamos, bailamos, danzamos y jugamos y nos comunicamos los unos con los otros.
Pero hay personas que desvalorizan su cuerpo para darle preferencia al espíritu, creyendo que éste, el espíritu, es algo superior a todo lo sensible. Otros niegan el espíritu y dicen que somos solo materia. Pero no es así. El hombre, varón o mujer, es una unidad compuesta de cuerpo sensible y espíritu invisible. Ninguno de ellos tiene supremacía sobre el otro.
El cuerpo es un conjunto de partes que se suman y se complementan. Con el correr del tiempo se les fue atribuyendo otros significados simbólicos. Así "dar una mano" es ayudar; "dar aliento" es sostener al otro con palabras; "entregar el corazón" es amar; "sacarle el cuero" es criticarlo; "prestarle una oreja" es escucharlo.
También cuando se dice que habla Dios, utiliza las mismas referencias, como si fuera igual a nosotros. Y así, cuando se refiere al hombre naciente, se asoma a la vida porque un Ser Superior "sopló" sobre él, dándole su "aliento", comunicándole su propia vida, su energía.
Los gestos y los ademanes también son significantes a veces muy obvios y otras, confusos o enigmáticos. Imponer las manos, sería consagrar, bajar el dedo pulgar, condenar, agitar los brazos, llamar, pedir auxilio. etc. Qué decir del tacto. Los humanos necesitamos tocarnos. Al tocarnos, sentimos que estamos comunicándonos, que entramos en comunión con el otro o la otra.
Y no solo la caricia o el beso, también una mano apoyada en el hombro del hijo o de la hija pueden ser de apoyo pleno. La mano sobre la cabeza, puede también tener carácter de sanación o consagración, Distintas formas de sentir y expresar nuestra humanidad.
El respeto del cuerpo propio y ajeno
El cuerpo es una parte del ser humano, es lo visible y está animado por el espíritu ("alma" para los griegos). Y si bien no es fácil determinar qué es el "espíritu", muchos creemos poseerlo o sentirlo de una manera especial. En la historia de la humanidad encontramos las más variadas concepciones.
Desde la ciencia se sostiene que el espíritu es "energía". "Todo es energía" según Albert Einstein, la materia como la pensamos comúnmente, no existe. Todos los seres, participamos de una Energía preexistente que se llamó y llama Dios. También lo afirma Baruch Spinoza en su "Ética". A nivel cristiano lo encontramos enunciado por el brasileño Leonardo Boff, teólogo católico.
Se trata de una Energía fundante de todo lo que existe y por solo eso, cualquier ser animado o inanimado merece respeto. La tierra o el agua, etc. Entonces me viene a la memoria el gesto de algunas culturas originarias que antes de cortar un árbol le pedían y siguen pidiendo, permiso para hacerlo.
Pero... ¿qué queremos decir con la palabra "respeto"? Si vamos a su contenido, respetar significa tener en cuenta, cuidar, querer. Respetar nuestro cuerpo significaría en primer lugar quererlo y -por eso mismo- cuidarlo. No dañarlo, mucho menos "envenenarlo"; no venderlo o alquilarlo; alimentarlo debidamente; tener un sitio donde vivir, entre optras cosas.
Nuestro cuerpo no es algo que queda en uno mismo; es el medio, el canal habitual para comunicarnos entre nosotros. Por eso nos pensamos en plural. Con nuestro cuerpo hablamos, nos vemos, nos tocamos, nos oímos, nos acariciamos.
A través de nuestro cuerpo nos relacionamos con todo el arte y especialmente con la danza, el baile, el deporte y el teatro. Nuestros ojos, nuestras manos, nuestros labios, nuestra voz, nuestro canto, nuestra risa, nuestro llanto, son todas expresiones del cuerpo a través de las cuales comunicamos nuestros estados de ánimo. Y así se podría seguir enumerando situaciones comunicativas.
En algunos momentos hubo personas que subestimaron el cuerpo porque sobrevaloraron lo espiritual. El cuerpo era relegado a un segundo plano y a veces en los conventos fue castigado, flagelado, por ser culpable de vicios y desviaciones. Para otros, el cuerpo, era lo único valedero por recibir de èl, placer, gozo y fruición .
Otro aspecto a considerar es el uso del cuerpo para anuncios publicitarios o de otro tipo. Se pretende vender un producto o una conducta y entonces llevan la cuestión al límite. La casi desnudes de las mujeres o la musculatura exuberante en los varones, atrapan la atención e impulsan a imitarlos.
No es que sea malo en sí, sino que puede derivar en algo no pretendido. Y eso se sabe. Y acentúo algo, la cara, el rostro. Esta es la tarjeta de presentación. Y "tiene una cara", decimos como para definirlo. A la cara la construimos con el pasar del tiempo.
No es lo mismo la cara que tiene un empleado administrativo a otro que camina el campo de sol a sol. O el que corre tras un camión de basura, o trabaja em la construcción o en un taller de fundición. Una cara maquillada no es lo mismo que otra con manchas y arrugas.
El respeto a nuestro cuerpo se fundamenta en que somos seres dignos y la dignidad nos viene por el sólo hecho de ser humanos y porque integramos una realidad cósmica mayor. Debemos respetar nuestro cuerpo y el cuerpo de los otros a los cuales a veces consideramos objetos o mercancía.
Ya sean negros, blancos o amarillos, sabios o ignorantes, ricos o pobres, atletas o minusválidos, hermosos o deformados. Todos juntos formamos "un cuerpo social" corresponsable que debemos tener en cuenta. Sepamos respetarnos. Y recordemos siempre, somos seres sagrados porque somos naturaleza y templos de Dios, aunque en algún momento histórico se haya olvidado o no tenido en cuenta "ex profeso".












