Unas semanas antes de morir, Albert Einstein, lo sabía. Se lo decía la duda de los médicos y el secreto que se pasaban entre ellos. Y fue entonces que el científico más importante del planeta, dio mensajes que permanecieron ocultos por su secretaria hasta que fuera el tiempo de comprensión.
Lo último de Einstein
El célebre físico reveló que la intuición es clave para comprender el universo, proponiendo una conexión entre la ciencia y una inteligencia ordenadora superior.

Estaba muy preocupado de que lo malinterpreten porque lo que había pensado en sus postrimerías, era algo distinto, no respondía a los parámetros de lo científico.
Había pasado su vida teorizando sobre los componentes de la materia y el tiempo y ahora le surgía en su mente que tenía que agregar la conciencia como componente de los principios estructurales del hombre. Consideraba que había una conciencia personal y una conciencia superior, universal.
Eso era de un lenguaje filosófico y religioso, aparentemente, por eso su afirmación que la conciencia era un elemento que se tenía que sumar a la materia y al tiempo. A él le preocupaba se lo confunda, pero era así y así lo afirmó en el final de su vida. La conciencia, elemento estructural básico, es propio de cada persona, lo que le da significación y existencia.
Einstein la calificaba como energía, la cual permanecía existiendo pese a la muerte de un sujeto. Por eso afirmaba con contundencia que la energía nunca se pierde, siempre se transforma, se modifica.
De ahí que la muerte no es el final del hombre sino sólo un paso de una realidad sensible a otra realidad superior y misteriosa. Y esto que parecía una afirmación metafísica o religiosa más que científica, él lo calificaba no como una de las tantas ecuaciones sino como una propiedad a la que se llegaba gracias a la intuición.
Einstein percibía que, al acercarse su final sensible, ingresaba a una realidad no sensible como la intuición. Y algo más. Al analizar el universo y todas sus representaciones, Einstein descubría una afirmación nueva: el universo existía y era una realidad matemática increíble en la multiplicidad de órbitas y movimientos de rechazos y atracciones independientes de planetas y asteroides.
Esa confirmación matemática tenía su origen en una inteligencia ordenadora del Big Bang, desde una Conciencia Inteligencia Superior. Y a eso calificaba como Dios. Coincidía con Baruch Spinoza que afirmaba la presencia de Dios en toda la naturaleza, sin llegar al panteísmo sino en un panenteísmo.
La conclusión a la cual arriba el sabio científico deja en claro la existencia de Dios, lo que antes sólo afirmaban las religiones ahora lo dice también la ciencia, pero hay que aclarar que cuando se hablaba de Dios se hacía referencia a un Ser todopoderoso, Juez Supremo que premiaba a los buenos y castigaba a los malos.
Eso quedó congelado en el tiempo. Jesús dijo que Dios en su mayor característica es ser Padre más que juez. Y que habita no solo el cielo sino al hombre y a todo el universo que comparte su Energía. El cambio de concepción no es fácil porque lo que se nos dice es un Misterio, difícil para nuestras inteligencias humanas limitadas.
Esta información de la Física Cuántica a la que llegó Einstein también la podemos encontrar en la obra del doctor Manuel Sans Segarra, ya sea en sus libros o en sus videos que se encuentran en YouTube. Este tema me parece importante para analizar nuestra credulidad. No podemos creer cualquier cosa. Lo que se dijo en épocas pasadas y valía para entonces, posiblemente no sea válido para el hoy.
Debemos pasarlas por el tamiz de nuestro juicio y buscar una autoridad intelectual con la cual coincidamos. Hay que archivar lo que nos dijeron cuando éramos niños y asumir lo que podemos llamar una credulidad o afirmación adulta.
Eso nos puede garantizar que estamos en lo cierto o al menos que buscamos con seriedad y respeto. Para finalizar les dejo un "caramelo", un regalo del propio Einstein, quien dijo: "La mente es como un paraguas, sólo funciona si se abre".












