Tanto en nuestro país, como en casi todo el mundo, celebramos, festejamos, nos saludamos con alegría en fechas que en realidad, son tragedias o muertes.
Los olores de otro 1° de Mayo francés
Las celebraciones internacionales esconden historias de lucha y tragedia, recordando eventos como huelgas laborales y reivindicaciones por derechos fundamentales. En París, el Día del Trabajador se mezcla con la tradición del muguet, un símbolo de buena fortuna y esperanza, en medio de tensiones sociales.

Por cuanto aquello de "Feliz Día del Trabajador", es olvidar un poco el origen de esta conmemoración, porque en realidad se recuerda el 1° de Mayo de 1886, en el que miles de trabajadores en Estados Unidos iniciaron una huelga exigiendo solo ocho horas de trabajo. En Chicago los enfrentamientos dejaron muertos y heridos.
El 8 de marzo, Día Intencional de la Mujer, es una fecha reivindicatoria de los sucesos ocurridos en Nueva York, en 1909. Costureras industriales se habían declarado en huelga. Pedían condiciones laborales más humanas, aumento de salarios, reducción de la jornada laboral a diez horas y fin del trabajo infantil.
En esta huelga, en las que 129 mujeres hicieron la modalidad de "brazos caídos", murieron calcinadas en la fábrica Cotton Textile Factory, en un incendio provocado por sus dueños. Se cree que esto ocurrió el día 8 de marzo.
En nuestro país, valga la diferencia, se celebra el Día de la Bandera, 20 de junio, día en que murió Manuel Belgrano, en 1820. También se honra al general José de San Martín el 17 de agosto, día de su fallecimiento en el año 1850.
Pero también vale destacar, que conmemorar, festejar, saludar, tiene algo de salvataje social, ya que permite ver el lado positivo y celebrarlo, pues se consiguieron muchas de las mejoras buscadas.
A todo esto… ¿qué olor hubo este 1° de Mayo en París? Pues... al gas lacrimógeno que tuvo que utilizar la policía. Pero siempre hay otro aroma en Francia para el 1° de Mayo, el del alegórico brins de muguet, ramitos de lirios de los valles. Llueva o truene, Francia celebra el Día del Lirio de los Valles (o muguet en francés) que se festeja tradicionalmente el día 1 de mayo.
Es una arraigada tradición, donde se regala esta pequeña flor blanca como amuleto de buena suerte, salud y felicidad para celebrar la llegada de la primavera, es signo de amor, amistad y augurios de prosperidad.
"Que ce muguet t'apporte bonheur et chance tout au long de l'année" ("Que este muguet te traiga felicidad y suerte a lo largo del año"), "Que ce 1er mai t'apporte autant de bonheur que de clochettes dans ton bouquet" ("Que este 1° de Mayo te traiga tanta felicidad como campanitas hay en tu ramo") o mucho más breves "Joyeux 1er mai !" ("¡Feliz 1° de Mayo!").
Y si de amuleto se trata, la tradición dice que encontrar una rama con trece campanillas trae perpetua felicidad. Tal vez sea como el trébol de cuatro hojas: ¡Misión imposible!
Incluso son tan significativos estos obsequios pequeñitos, que utilizan la palabra brin en lugar de bouquet. Es el único día en que París permite que vendedores callejeros, sin anotarse y sin pagar impuestos, ofrezcan un ramito formado por unas pocas "hebras" del cándido muguet. Esa costumbre tan humilde, nació en un palacio.
La fecha clave es el 1 de mayo de 1561. Durante una visita a la región de Drome, el joven rey Carlos IX recibió, sin mucho preámbulo, un ramillete de muguet como símbolo de buena fortuna para la primavera que comenzaba.
El que se lo entregó, alcanzó a decirle que esas florcitas traían suerte. Tanto le gustó el regalo y el gesto al soberano, que de ahí en adelante decidió regalar todos los días 1 de mayo, un ramito de muguet a las damas de la corte. La costumbre se extendió rápidamente, convirtiéndose en una tradición nacional y también de algunos países vecinos.

Pero, esta delicada flor silvestre, a través de los siglos perdió su nacionalidad asiática. Ahora se la encuentra en zonas de bosques, setos y en pastos de montaña de la Europa mediterránea, y cultivada con esmero.
Es símbolo del "eterno retorno", con ella se asocia la época del fin de los grandes fríos, el del florecer y fructificar, es la señal del renacer, tal vez por eso los celtas creían que encontrarla, era deparadora de felicidad. Toda ella tiene un ilustre origen, o mejor dicho, una tradición de haber nacido, o por consideración a las diosas o por milagro.
No falta tampoco una tradición que cuenta que, creado el mundo, el muguet florecido aureolaba la puerta al paraíso, y que sus campanitas blancas, sonaban cada vez que un hombre bueno pasaba por esa puerta.
Siguen sus ilustres antecedentes: en la mitología griega, Apolo, dios importante y polifacético, estaba preocupado ya que sus nueve musas, medio hermanas suyas, y fieles acompañantes, no podían volver al Parnaso ya que descalzas, se lastimaban los pies.
Así que decidió crear un suave colchón verde, con delicadas flores que no entorpecieran el andar de las musas. Y así nació el "Pasto de Parnaso", o sea el lirio de los valles.
Dentro de la tradición cristiana, se narra que esas florecillas nacieron de cada una de las lágrimas derramadas por la Virgen María, al pie de la cruz donde moría su primogénito. Llegando ya a nuestros días, hemos visto que el muguet sigue acompañando a las testas coronadas.
En el banquete del octogésimo cumpleaños del rey Gustavo Carlos de Suecia, las mesas redondas estaban adornadas con nuestra sultana. Esta bellísima y perfumada flor blanca originaria de Sudamérica, muy nuestra, muy valiosa y tristemente... casi desconocida para nosotros.
En cambio, en las mesas largas donde estaba el rey con familiares y los monarcas vecinos, abundaban los jarros con muguet y los centros de mesa tipo camino, tenían rosas blancas con mucho muguet. Tal vez alguno de los invitados le llevó de regalo un frasco de perfume Guerlain pour homme, botella que tiene un precio seguido de muchos ceros.
La casa Guerlain fue fundada en 1828 por Pierre-François Pascal Guerlain en París, y comenzó a crear perfumes personalizados. Sin embargo, su primer gran hito y fragancia icónica fue Eau de Cologne Impériale, creada en 1853 para la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III.
Estos afamados perfumistas todos los años inauguran un nuevo frasco. Y fiel a la cita con el mundo, "el muguet ocupa un lugar especial, siendo una de las flores más desafiantes de capturar en su esencia". A pesar de su delicadeza, los maestros perfumistas de Guerlain han logrado destilar la esencia de esta escurridiza flor en su fragancia emblemática, el Muguet de Guerlain.

Desde su creación en 1908, recuerdan que "esta fragancia ha evolucionado manteniendo siempre la esencia floral y la elegancia atemporal que la caracteriza". El aroma casi no cambia, aunque lo que como una joya nueva es mutable, son los frascos.
Los de las abejas, por ejemplo, hace más de cuarenta años que Sylvie Laborde los pinta a mano con oro (¡Con oro color dorado!) a los que se les agregará luego un nuevo adorno floral. No solo se necesita un buen fajo de euros para adquirlos. Es mucho más difícil. No salen al mercado muchos más de unos 1.800 frascos, cada uno numerado. Y otras veces, con más suerte, alrededor de 4.000.
Son verdaderas alhajas, que incluso los coleccionistas los compran viejos y ya vacíos. Los diseñan y ejecutan artistas, que tienen mucho de alquimistas para lograr tal maravilla. Se van aplicando los detalles uno por uno en cada frasco. Casi, casi, nos recuerdan el embrujo de los huevos de Pascuas, que el joyero Peter Carl Fabergé (1846-1920) hacía para los zares de Rusia, en oro y piedras preciosas.
Pero aunque estas fragancias estén muy lejos de demasiados mortales, vale la pena saber que este año la casa Guerlain cumple 198 años de historia, milagro de supervivencia en el arte y el buen gusto, dando trabajo a muchos desde operarios, vidrieros, artistas del pincel, diseñadores, arquitectos, tejedores de la seda de gusanos, y la lista resulta interminable.
Todos trabajando para lograr en cada año un frasco diferente.











