Las experiencias de la infancia juegan un papel crucial en la formación de nuestros patrones de apego, que a su vez afectan cómo nos relacionamos con nuestras parejas en la adultez. Es decir, la manera con la cual nuestros cuidadores se relacionaron con nosotros, en nuestra infancia, desde lo emocional y vincular, irá mutando en patrones de apego que en la adultez, influirá en la manera en cómo nos relacionamos con otras personas (especialmente con nuestra pareja), porque se van generando creencias y expectativas sobre cómo se deben desarrollar los vínculos, mediatizados por los cuidados y la expresión de amor.
































