El tema en sí tiene varios enfoques, pero indudablemente es un hecho social que nos conmueve a todos, que muchas evitamos porque nos resulta desagradable. Pero se nos impone como recuerdo. El primer abordaje es saber qué características en su constitución tienen las personas vivas: si son solo materia, o si son materia y espíritu.
Un hecho social que conmueve y se impone como recuerdo
Desde ritos ancestrales hasta la búsqueda espiritual actual, un recorrido por el mayor misterio de la existencia y la necesidad de hallar paz con nosotros.

De ser así, con la muerte biológica se pierde lo material, la carne, pero permanece lo espiritual, lo que perdura. El punto clave es la conciencia. El viviente tiene conciencia de que vive; la Energía que lo constituye produce esa conciencia de que es, de que existe. Y esta última está ligada a otra conciencia "mayor", a la que podemos llamar Dios o Supra Conciencia.

Haciendo un paneo rápido por la humanidad, vemos que la mayoría de los pueblos, si no todos, han creído esto último. Y desde el paleolítico, los muertos fueron enterrados bajo tierra, en cuevas. Después se agregaron monumentos de piedras apiladas en tumbas particulares o de clanes.
Se supone que son conductas que responden a un respeto por algo que lo diferenciaba de los simios, como los chimpancés, etc. Se hacían altares en sus casas para obtener su acompañamiento y protección o se colgaban pequeños huesos del difunto para lo mismo.
Dios y el juicio final
A eso se lo denominó "el culto a los muertos", similar al culto a los dioses. En eso vemos que se reconoce la sacralidad del cuerpo por contener espíritu además de materia. La Biblia lo definió como "aliento de Dios", la modernidad nos dijo que era Energía y expresión de la conciencia. Esta es la visión más conocida y aceptada.
Existimos porque tenemos conciencia de ello y esa conciencia está ligada a una Supra Conciencia mayor que podemos llamarla Dios. Muchos piensan que la muerte es el fin de la vida y que la vida biológica es un estado que termina con lo terrenal pero el espíritu como no es materia puede seguir existiendo y vuelve a la Energía Mayor unificadora.

Entonces llegamos a una verdad diferente: la muerte no es un final definitivo, es un pasaje a otra vida, eterna, la espiritual. La conciencia o karma para otros, permanecerá en Dios y no tendrá final. Pero también se habla de un Juicio Final, el que igualmente tiene diversas versiones o interpretaciones.
Ese juicio determinaría nuestro premio o condena. Se habla, por ello, de diversos estados de purificación previos a la definición final, en un tiempo hablábamos del Purgatorio y de otro tan antiguo como este, la reencarnación. Ambos serían estados de purificación y otros que ignoramos.
El mayor de los misterios
En este marco podemos ubicar nuestra muerte, el instante en el que arribamos a un puerto final, después de navegar los mares de la existencia. No sabemos ni cómo ni cuándo, ni dónde. Es uno de los tantos misterios, quizás el mayor.
Sin renunciar a las ganas superlativas de vivir, pensemos también en ese momento que llegará, queramos o no queramos, y ojalá que sea en paz con nosotros mismos y con los otros. Este es un apéndice de lo anterior. Muchos de los muertos fueron héroes o santos.
Elegidos y consagrados como referentes, por el sentido común de la gente ante el grado de buenas acciones realizadas y porque sirven de ejemplo para nuestro comportamiento (ejemplaridad). El héroe es alguien que se jugó la vida por el bienestar de otros y el santo fue el que dio ejemplo de corrección.
A ellos les hacemos grandes monumentos y hasta santuarios, porque importa no olvidarlos e imitarlos. Cada cual tendrá su muerte acorde a su vida. Y será distinta en cada uno, como distintos fuimos en este mundo. Lo que vendrá después es algo probable y posible. Dos columnas lo sustentan: lo que sabemos a través de la ciencia y lo que creemos por medio de la fe.












