Cuenta una antigua leyenda que una vez se encontraron la Mentira y la Verdad, que no eran amigas, solo coexistían y competían en la cantidad de adeptos.
La Mentira y la Verdad
Una clásica fábula revive el dilema ético sobre la autenticidad humana y revela las razones por las cuales se prefiere la mentira antes que la verdad pura.

- ¡Buen día! Dijo la Mentira.
- ¡Buen día! Contestó la Verdad.
- ¡Hermoso día! Agregó la Mentira mirando para arriba.
La Verdad comprobó que era así y al final dijo: "¡Ajá!". "Pero más hermosa está la orilla del lago", agregó la Mentira. Entonces la Verdad miró a lo lejos y comprobó que así era: "¡Ajá!", dijo nuevamente.
Entonces la Mentira corrió hacia el agua, metió la mano y dijo: "Y está tibiecita como invitando a que nos demos un baño. ¡Nademos!" La Verdad tocó el agua con sus dedos y extrañada dijo: "También es cierto". "Podríamos comenzar bien el día, ya que la mañana ayuda", agregó la Mentira.
A la Verdad le pareció bien, así que se sacaron las ropas y se metieron al agua. Al rato de estar nadando, la Mentira gritó: "¡Cierto! Ahora me acuerdo que tendría que estar en la ciudad". Salió del lago, y apresurada como parecía estar, se puso las ropas de la Verdad y echó a correr.
La Verdad salió del agua con mal humor y viendo lo que había pasado, se dijo: "No me voy a poner la ropa de la Mentira, ni loca que estuviera". Y entonces, después de pensarlo un rato comenzó a caminar hacia la ciudad, totalmente desnuda.
La gente que la veía pasar se horrorizaba porque eso no podía ser, aunque algunos varones la veían como una humorada carnavalesca. Pero como siempre sucede, casi todos terminaron aceptando la realidad y hasta les pareció mejor la Mentira disfrazada de Verdad que la Verdad desnuda.












