De acuerdo a lo establecido por Juan de Garay al fundarse la ciudad en 1573; y en presencia de él, se eligieron las autoridades comunales el día 1 de enero de 1576. Resultaron electos alcaldes ordinarios: el capitán Francisco de Sierra y Mateo Gil; regidores: Juan de Salazar, Juan Sánchez, Diego de Leyva, Juan de Caravajal, Diego Bañuelos y Bernabé Luján.
Las primeras marcas para ganado, el padrillo de la ciudad y el control de precios
A tres años de su fundación, la joven aldea santafesina organizó su vida comunal mediante la fijación de aranceles, oficios y el control del ganado inicial.

De inmediato prestaron juramento todos, menos Sierra -quien se hallaba ausente de la ciudad y juró el 20 de marzo- y Leyva, que se hizo cargo de su puesto el día 4 de junio. Además, se designó procurador de la ciudad a Antón Romero, quien, el 4 de junio, unió también en su persona el cargo de alguacil de Santa Fe.
Fijación de precios o aranceles
En el citado año de 1576, a tres de establecida Santa Fe en el sitio viejo, y siendo necesario tasar las obras en los diferentes oficios, ya que así se podría trabajar sin dificultades en tantas cosas, objetos y vestidos necesarios para aquella población.
Tengamos en cuenta que las ciudades más cercanas eran Asunción al norte, Córdoba y Santiago del Estero al oeste. Quedaba la inmensidad de lo despoblado al sur y al este, ya que Buenos Aires recién se fundaría en 1580. Se procedió en la forma que aquí se describe.
Primero se tasaron las obras de herrería: frenos, espuelas, llaves, tornillos, tachuelas, cuchillos, hachas, tijeras, hachuelas, barrenos, rejas, lanzas, herraduras, dagas, hoces, elementos de alto valor, como todo lo que significara la industria metalúrgica.
Luego pasaron a tasar las obras de carpintería: cajas, puertas, ventanas, mesas, tapiales, yugos, arados, palas, camas, llaves, candeleros, estribos, bancos, etc. Después se hizo la tasación de las hechuras de sastrería. Chamarra, calzones, medias, jubones, saboyanas, capas, calzas.
Por último llegó el turno a la zapatería y se estableció la tasación de zapatos doblados y sencillos, botas, borceguíes, sillas, cuera de armas, celadas, mangas, pantuflas, fundas, gervillas, chapines, chinelas, vainas.
Los productos indígenas fueron tasados y señalaron precios a los cueros de nutrias, de caguiles y de zorros, a una braza, un cuero por adobar, una sobremesa, al maíz y a los frijoles. Se establece pena de 20 castellanos su no cumplimiento; 1/3 de la multa se destinaría a la iglesia.
La medida de pago era la vara de lienzo, aunque también se señalan productos de la tierra en cambio de los objetos hechos por los artesanos. A fin de prevenir abusos se designaron visitadores o inspectores con amplios poderes.
Así podían visitar los talleres, cuando se les pidiese y pareciere, pudiendo quemar o dar a los pobres las obras mal hechas, debiendo obrar como mejor les pareciera, conforme a justicia.
La raza caballar
De suma importancia para una "tierra nueva" era la "costumbre muy buena y provechosa" de establecer un padrillo para la propagación de la raza caballar. Los miembros del Cabildo discutieron este asunto y coincidieron en que el mejor caballo a este efecto era el de Francisco Sierra, a la sazón teniente del gobernador del Río de la Plata, Diego Ortiz de Zárate Mendieta.
La elección fue hecha para servir desde el 1 de noviembre del corriente año de 1576 hasta el 1 de noviembre del año siguiente de 1577; el caballo quedó en poder de Diego de Leyva, quien habría de cobrar los derechos correspondientes al servicio y entregar a Sierra lo que le correspondiere.
El pago señalado era de una fanega de trigo por cabeza de yegua. Ya se contaba desde el año anterior, con la designación del guardacaballos, en la persona de Blas Venencia; estableciendo obligaciones del cargo, monto y forma de pago.
Su función principal era custodiar y proteger los caballos de la comunidad frente a robos o pérdidas, un rol crucial teniendo en cuenta lo que significaban los caballos para la vida de la población.
Registro de marcas para ganado
Juan de Garay había traído desde Santa Cruz de la Sierra, vía Asunción, cabezas de ganado vacuno y caballar, lo que constituyó el rodeo fundacional de Santa Fe. Con los años se autorizaron también las vaquerías para captar el ganado cimarrón, reproducido y diseminado en el territorio, pero también para ello, se debería contar con las debidas autorizaciones.
El ganado era perseguido para cuerear o sebear. Luego de faenarlo se utilizaba principalmente el cuero, además del sebo y la carne. Parte de esas reses indómitas también se las destinaba a ser aquerenciadas en las estancias. Para tener validez jurídica, la marca de ganado debía estar registrada en el Cabildo.
Los primeros registros datan del año 1576, cuando se presentaron el 7 de abril las marcas de Pedro Hernández y Alonso Fernández Montiel, el 15 de junio las de Pedro de Espinosa, Juan de Orantes, Francisco de Azuaga y Enrique Alemán; el 17 de agosto la de Hernán Ruiz de Salas y el 12 de noviembre las de Francisco de Sierra, Juan Martín, Antón Romero, Pedro Gallego, padre Álvaro Gil y Bernabé Luján.
Las Actas del Cabildo santafesino pueden ser consultadas en la dirección: https://actascabildo.santafe.gob.ar/
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