"Después de 7 días de un viaje en que no hemos tenido novedad alguna, he llegado a esta capital antes de ayer a las 7 de la tarde, y omito decir a Ud. las demostraciones de este pueblo a mi entrada por que lo vera en los impresos que le acompaño. Parece que la Providencia se ha esmerado en favorecerme porque mi salud ha mejorado:
Estanislao López y el doctor Santiago Lepper en Buenos Aires (1837)
Afectado por una grave enfermedad pulmonar, el caudillo santafesino viajó a Buenos Aires, donde fue agasajado por Juan Manuel de Rosas. Con masivas muestras de afecto y honores militares, la capital despidió al mandatario de Santa Fe tras meses de tratamiento médico.

"(...) Temía que la agitación del viaje me fuera perjudicial. En todo el camino nos ha llovido, de suerte que nos decían que nosotros traíamos el riego a esta tierra que se resentía de una gran seca, y entretanto hemos gozado días frescos que han hecho menos molesta la estación (...)".
"(...) El compañero Rosas no ha sabido como obsequiarme y manifestarme su amistad y contento. Desde hoy he principiado mi curación por un purgante que será para prepararme. Lepper cada día me asegura más de mi curación radical y que en ella no empleara mucho tiempo".
"Veremos los progresos que hago con los medicamentos y en otra ocasión avisare a Ud. y podré anunciarle algo con más certidumbre. Entre tanto mis deseos son sanar para volver al sosiego de mi País con el que estoy connaturalizado y conviene con mi genio y carácter".
Con esta carta le anunciaba Estanislao López a Domingo Cullen, que había quedado el frente del gobierno de Santa Fe, el 17 de enero de 1837 su arribo en la víspera a Buenos Aires en busca de mejor salud.
La recepción de Rosas
El día anterior, la Gaceta Mercantil, el Diario de la Tarde y The British Packet daban noticia de que el gobernador había salido a recibirlo en San José de Flores, en compañía del ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Arana, a lo que se agregó el buen clima ya que "la Providencia había dispuesto la lluvia que regó la tierra, apareciendo después el sol en el despejado horizonte".
La comitiva vivida según se calculó por unas 25.000 personas entró por la calle de la Federación, y el camino General Quiroga, donde flameaban "multitud de banderas federales y se advertían elegantes decoraciones análogas al objeto, colocadas por el vecindario". Y una lluvia de flores, "desprendiéndose desde los balcones y cúspide de los edificios", caía sobre el cohete en el que venían ambos gobernadores.
Las tropas de la guarnición al mando del general Rolón desde la plaza de Lorca "formados en la misma calle y en las plazas de la Victoria y 25 de Mayo", le rindieron los honores de práctica correspondientes a su elevada investidura, su ingreso a la Fortaleza fue anunciado "por una salva de artillería"; alojándose en ese lugar; deseándole un descanso después de las fatigas del viaje y restablecimiento de su salud.
A continuación, La Gaceta publicaba este soneto:
"El amigo más y decidido/ Por la Federación y el héroe Rosas:/ El que humilló las huestes alevosas/ Del unitario bando prostituido./ El que en varias campañas ha podido/ Con brillantes acciones valerosas/ Destrozar las cadenas ominosas/ (...)"
"Y a nuestra libertad ha propendido./ Hoy pisa nuestro suelo afortunado,/ Y el Pueblo Federal que les es tan grato/ Le tributa el honor que se ha ganado,/ Haciendo de sus triunfos el relato,/ Que celebrando ya la fiel historia,/ Hacen, sin duda, eterna su memoria".
El enfermo y el médico
López padecía una tisis pulmonar, de la que no evolucionaba; por ello Rosas le recomendó viajará a Buenos Aires para ponerse al cuidado del reconocido médico irlandés Santiago Lepper, quien viajó a Santa Fe para acompañarlo en el trayecto.
Hacía quince años estaba en Buenos Aires, de inmediato revalidó su título y comenzó a ofrecer sus servicios; traía como presentación una carta en la que Napoleón le agradecía sus atenciones y que conservó largos años.
El facultativo tenía 52 años, era natural de Ulster, en el condado de Tyrone. Probablemente estudió en Oxford, practicó en las más famosas clínicas europeas y se alistó al recibirse en 1807 en la Marina Real Británica como cirujano.
Alguna vez en tierra le tocó actuar en la campaña contra Napoleón, embarcado en la fragata Eurotas, en la rada de Plymouth; muy próxima al navío inglés donde se encontraba el destronado emperador, le fue confiada la misión de visitarlo diariamente y vigilar el estado de salud del prisionero, que de allí habría de zarpar a Santa Elena.
Simpatizaron tanto en esas diarias conversaciones, que le ofreció una plaza vacante que no aceptó; sin embargo le dejó esa carta en testimonio de su reconocimiento.
Fue uno de los quince profesionales que integró el grupo fundacional de la Academia Nacional de Medicina el 9 de abril de 1822, a poco de llegar al país; lo que prueba el reconocimiento que había adquirido de sus pares del Tribunal de Medicina.
Se desempeñó como médico de policía, e integró la comisión administradora de los hospitales y supo presentar alguna comunicación en la Academia.
López concurrió a fines de enero a una función en el teatro con su familia, fue recibido con muestras de simpatía por el público, pero se retiró después del Himno a su residencia por una súbita indisposición. Su salud a pesar de la vida agradable, los esfuerzos médicos, muy poco mejoraba.
Los honores de la despedida
Finalmente decidió partir el 5 de abril. La calle de la Federación estaba flanqueada por ramas de laurel, y las tropas con sus bandas formadas desde el Fuerte hasta la Plaza de Lorea. A las 3 de la tarde Rosas pasó a buscarlo en su carruaje; después de media hora salieron, momento en el que se dispararon 21 cañonazos y una descarga de cohetes desde el patio.
La comitiva era encabezada por el carruaje de ambos gobernadores, el de la señora, la familia y a idos de López, escoltados por la caballería. Los generales Pinedo, Guido, Pacheco y Mansilla, los coroneles Erézcano y Planes, el jefe de policía y los empleados y muchos ciudadanos los acompañaron de a caballo hasta San José de Flores.
El ministro británico Mandeville, el capitán Russell Elliot del buque de "Fly", presenciaron la despedida desde el balcón de la casa de Don Miguel Riglos en la Plaza de la Victoria. Dice la crónica:
"Una de las partes no menos interesantes del acontecimiento fue la presencia, gallardamente montadas, de la hija del General Rosas (Doña Manuela) y Doña Mercedes Fuentes de Rosas, esposa del hijo del gobernador.
Iban vestidas con traje completo de montar, con un velo rojo echado alrededor del sombrero; y seguían a retaguardia de la cabalgata, recibiendo cordiales saludos de los espectadores, y escoltadas por el hijo del General Rosas y otros caballeros miembros de la familia.
Es bien sabido que Doña Manuela Rosas es una experta amazona, y en esta ocasión lucía muy encantadora, casi otra Diana; lo cierto es que su comportamiento cautivador, desprovisto como está de toda ostentación, la ha hecho muy popular en Buenos Aires".
López pasó unos días de descanso en la estancia "Tapiales" (se conserva en el predio del Mercado Central en el partido de La Matanza) que le ofreció doña María Antonia Segurola de Ramos Mejía, antes de seguir viaje.
El 1 de junio, el oficial mayor del Departamento de Gobierno, Agustín Garrigós, en carta a Lepper, en nombre de Rosas, le manifestaba que éste "ha sentido el más vivo placer al ver llenados sus deseos en el importante encargo que fió a la habilidad, saber, y acreditados conocimientos que a Ud. adornan y distinguen en la ciencia de su profesión".
"(...) El acierto, eficacia e interés con que Ud. se condujo en el tratamiento facultativo tuvo por feliz resultado el alivio del ilustre ciudadano a quien tanto debe la Patria, por los eminentes servicios que le ha rendido, sacrificando lo más caro del hombre, en obsequio de su gloriosa Libertad, de su Confederación, y de sus Leyes", agregaba, sin dejar de mencionar que todo ello le hacía acreedor al "benévolo reconocimiento de Rosas, de su particular aprecio y fina gratitud".
Próximos a conmemorar los 240 años del nacimiento del Brigadier, hemos querido traerlo en el recuerdo de su postrera visita a Buenos Aires, especialmente a pocas semanas que el Congreso Nacional lo declarara Héroe Nacional.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos. El autor es miembro correspondiente de la entidad en CABA.














