Tengo certezas, y entonces puedo esperar a que mañana sin falta la vida, poderosa, renazca otra vez de la muerte, y así tendrá cada uno la oportunidad de volver a empezar. El argumento de la Semana Santa es que la vida, contra toda esperanza, pese al embate inclemente de las luces de colores y la música de feria, de la muerte se recupera.
El renacer de la vida
Una niña grave, un caso de tétanos, es el síntoma de un sistema sanitario que falla porque excluye. Pero la vida, esta semana más que otras, renace.

Primero nació el niño, fuerte y vigoroso, pero la peste se lo llevaría unos años después. Y cuando ya pensaban que solo faltaba el alumbramiento, es decir, la placenta, al ver que reaparecían los síntomas del parto, la partera entendió con toda razón que había otro, un mellizo. La niña nació de inmediato, fácil y rápido. Pero muerta.
La partera la alzó y la sacudía para que iniciara por favor la respiración, pero la recién nacida, azulina, ni respiraba ni se movía. Y en virtud de sus conocimientos y de su experiencia, la partera la descartó al tiempo que la declaraba muerta para así poder dedicarse al bebé vivo, y la apartó por muerta, y quedó muerta sobre una mesa, a un costado.
La madre, infinitamente madre, quiso tener en brazos a su melliza muerta, recién nacida muerta, y tuvo que insistir para que la partera se la diera, y ella se la pasó entonces, arropada como si estuviera viva. En sus brazos, la madre la miró con ojos de madre. Entonces sopló, le sopló ligera sobre la cara, y la niña recibió el soplo de su madre.
Es una ficción cinematográfica, pero sin duda basada en usos y costumbres ancestrales. Es una escena de la película "Hamnet". El nombre del bebé que nació vivo es Hamnet, y Judith es el nombre de la bebé que nació muerta. El padre de los dos, y de una niña anterior, es William Shakespeare.
La niña recibió el soplo de su madre, y allí estaba la vida que quería renacer de la muerte. Entonces la niña, contra toda esperanza excepto la de su madre, reaccionó un poco y respiró, y luego reaccionó más y respiró más. Y ya no estaba muerta, sino viva.
La escena del soplo y la posterior recuperación sin secuelas de la niña es una ficción, son hechos poco probables en la vida real, pero nos sirven para recordar que vale la pena soplar, es decir, hacer, aun contra toda esperanza. Este 24 de marzo pudimos ver lo mucho que vale la pena saber y recordar para que todo aquello no vuelva a pasar.
Nadie puede reescribir la historia. Quienes quieren hacerlo buscan en el olvido una razón que no tienen. En aquellos años en que Shakespeare escribía, el nombre Hamnet era equivalente a Hamlet, y ambos se usaban indistintamente. Pero antes de que Shakespeare escribiera "Hamlet", la peste se cebó con los mellizos Judith y Hamnet. Eran los últimos años del siglo XVI, tal vez 1599.
La palabra "peste" debe usarse sólo para definir a la enfermedad del mismo nombre. La forma bubónica de la peste es la que más afectó a la humanidad, provocó millones de muertes y gran desolación. Se conocen tres grandes pandemias de peste, pero innumerables brotes epidémicos. La peste sigue estando presente en algunos países.
Según la película, basada en la novela homónima de la irlandesa Maggie O'Farrell, un brote epidémico de peste afecta al pueblo donde viven los Shakespeare, pero William no estaba allí sino en Londres. La pequeña Judith contrae la peste y está gravemente enferma, tiene mucha fiebre y bubones en el cuello. Todos temen por su vida.
Cuando ya no queda más que esperar que venga la muerte a llevársela, el pequeño Hamnet esa noche se acuesta con ella en la cama, muy junto a ella, y tanto la quiere que reza para que cuando venga la muerte a llevarse la niña, la muerte se equivoque y se lo lleve a él en su lugar. Hamnet se ofrece, se inmola, a cambio de su hermana.
Por la mañana, la pequeña Judith tiene síntomas de recuperación, y el pequeño Hamnet yace a su lado, muerto. La peste conoce otra forma, llamada peste neumónica, cuyo contagio es fácil y rápido a través del aire, y su evolución es hacia una muerte segura si no recibe pronto tratamiento. Se dice que esta terrible forma de peste podría distribuirse desde el aire como arma biológica o como ataque bioterrorista.
Nadie se espante, porque hasta lo más cruel está pasando ahora. No hay razones que justifiquen el bombardeo de una escuela, la muerte de inocentes y la usurpación del terreno del vecino. Al menos unos 120 chicos ya murieron solo en el Líbano a causa de la violencia israelí. Los artífices de todo esto son hoy sus teóricos buenos amigos, aunque mañana le dirán que si te he visto no me acuerdo.
Desesperado por la muerte de su hijo Hamnet, según la novela y según la película, William Shakespeare escribe la hoy célebre tragedia "Hamlet". Al principio, la madre rechaza que la obra lleve el nombre de su hijo muerto, pero después, cuando la ve en el teatro, ella de pie en primera fila, entiende que el recuerdo de Hamnet queda para siempre en "Hamlet".











