Durante la última semana de julio y primeros días de agosto, realicé un viaje a la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, en la costa del Mar Caribe, la ciudad amurallada, conocida como "La heroica" por su denodada defensa del territorio, asaltado constantemente durante el siglo XVI por los corsarios contratados por el gobierno británico.
Intercambio cultural en Cartagena de Indias
Un grupo de autoras argentinas participó de jornadas literarias en suelo colombiano, con visitas a escuelas y homenajes en el histórico Claustro de La Merced. La travesía por la mítica ciudad caribeña combinó lecturas, homenajes y un valioso encuentro del que participaron destacados escritores de distintas naciones. Entre calles coloniales y recuerdos de Gabriel García Márquez, la delegación nacional compartió lecturas y fortaleció lazos culturales en suelo caribeño.

Fui invitada por el Instituto Cultural Latinoamericano, de la ciudad de Junín -provincia de Buenos Aires-, para participar de las Jornadas de Intercambio Cultural con escritores de Colombia, México y Brasil. La impecable coordinación de todo el viaje estuvo a cargo de Rosana Silva, directora del mencionado Instituto.
Durante nuestra estadía en Cartagena, concurrimos a varios establecimientos educativos, de nivel primario y secundario y realizamos importantes actividades: conocimiento de escritores locales y grupos de estudiantes, aporte de obras de autores argentinos para las bibliotecas, diálogos con los alumnos acerca de la lectura y la escritura literarias.
Por otra parte, en una jornada de verdadera trascendencia, los escritores argentinos, procedentes de distintas provincias del país (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Misiones, Santa Fe y Río Negro) participamos de un emotivo acto que se desarrolló en el Claustro La Merced de la Universidad de Cartagena, donde se encuentran depositados los restos del gran escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Junto al busto que lo recuerda, en la cálida atmósfera del atardecer, rodeados de libros y palmeras, poetas y narradores argentinos, mexicanos, colombianos y brasileños leímos nuestras obras e intercambiamos experiencias, libros y proyectos en el marco de un ambiente de amistad e integración latinoamericana.

Tuvimos el privilegio de que nos acompañara durante todo el acto Gabriel Eligio Torres García, nacido en Cartagena y sobrino de Gabriel García Márquez, quien ha seguido también él el camino de las letras, con varios libros publicados, entre ellos la novela "Amores marcados por el destino", del año 2024.
Reconocimiento de la Universidad de Cartagena de Indias
Por otro lado, y respondiendo a la invitación que me realizara el profesor e investigador de la Universidad de Cartagena, el poeta Argemiro Menco Mendoza, expuse una charla titulada "Andar en palabras. Reflexiones sobre el oficio de escribir".
La misma se produjo en el Claustro San Agustín -sede administrativa central de la Universidad de Cartagena- ante un numeroso público de escritores, profesores y alumnos de la UniCartagena. Antes de mi exposición, la vicerrectora de Docencia la Universidad, profesora Edna Gómez Bustamante, leyó la Resolución Nº 01940/26 del rector William Malkun Castillejo, por medio de la cual se resuelve:
"(...) exaltar y conferir reconocimiento especial a la escritora, poeta, docente e investigadora argentina María Beatriz Bolsi, como testimonio de admiración por su invaluable aporte a la literatura hispanoamericana, a la promoción de la cultura y al fortalecimiento de los lazos de integración cultural entre las naciones".

Fue realmente, un instante de profunda emoción. Luego de la charla se produjo un enriquecedor diálogo con los escritores y estudiantes presentes, sobre las temáticas que abordé. Las vivencias de esa mañana del 31 de julio permanecerán por siempre entre mis más entrañables recuerdos.
Recorriendo la ciudad
Conocer Cartagena de Indias es una experiencia única. Fundada en 1533, se convirtió en el principal puerto del Caribe a partir de mediados del siglo XVI.
Se encuentra en una bahía protegida (ubicación clave) y funcionó como centro de acopio y exportación del oro y la plata del Virreinato del Perú y del Nuevo Reino de Granada. Por estos aspectos sufrió el incesante ataque de los barcos de corsarios (contratados por la Reina Isabel I de Inglaterra), de piratas y filibusteros, que la asolaban durante meses.
De ahí que comenzaran a construirse una serie de fortificaciones para proteger a la población. Hoy en día las Murallas de Cartagena, cerca de 11 kilómetros de longitud que rodean el Centro Histórico, han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
En la visita a la ciudad caminamos a lo largo de las murallas, el Castillo de San Felipe de Barajas y ascendimos hasta el cerro de La Popa, con una vista panorámica de la ciudad.
Entrar al centro histórico supone penetrar a un universo mágico. Corazón mismo de la ciudad amurallada, con sus calles, angostas y empedradas, sus coloniales balcones de madera, rebosantes de flores, el paso de los "mateos", provoca la ebullición de los sentidos.

Un enjambre de gente nos rodea, los aromas de todas las frutas, el colorido de los trajes, la llegada de las "palenqueras" y sus canastos de verduras y frutas colocados en la cabeza, sus generosas sonrisas y los amplios vestidos con los colores de la bandera de Colombia. Allí estamos: en la Plaza del Portal, cercana a la gran Torre del Reloj.
Es el mediodía y el sol caliente del Caribe se hace sentir. Tomamos alguno de los múltiples refrescos, ofrecidos en carritos callejeros: jugos de fresa, limón, mango, tamarindo, maracuyá o agua de panela y saboreamos las arepas de vendedores ambulantes.

A la tardecita, recorremos el primer barrio de Cartagena: Getsemaní. El que fuera el hogar de artesanos, pescadores y esclavos liberados. Atravesamos la Calle de la Magdalena, la de la Media Luna, La Sierpe, decoradas con sombrillas colgantes, banderas y murales.
Vibrante, bohemio, con sus murales y grafitis que evidencian la historia, la cultura popular y mezcla de nacionalidades. Ya cayendo el sol, llegamos a la Plaza Trinidad, corazón de Getsemaní, y absorbemos todos los idiomas, los artistas y vendedores callejeros, la calidez de las sonrisas. ¡En Getsemaní, la vida está en las calles!
Y tantas otras vivencias compartidas con las compañeras. Los momentos en las playas, de arenas blancas y aguas transparentes, el paseo en crucero por la bahía en la "Noche blanca", las payadas poéticas durante el viaje a Barranquilla.
De todos esos días rescato la entrañable camaradería del grupo, excelentes escritoras y maravillosas personas. Fue, en síntesis, un viaje de crecimiento cultural, social, afectivo y espiritual.












