Publicado en Santiago en 1954, "La hija vertiginosa" ocupa un lugar singular dentro de la obra de Humberto Díaz-Casanueva (1906-1992). El poema, dividido en catorce partes, nace de una escena que el propio autor recordó: su hija Luz Maya, de doce años, bailando sola ante un espejo.
Baile alucinatorio
A partir de una danza íntima frente al espejo, la reedición del poema de Díaz-Casanueva profundiza en el movimiento vital ante la fatalidad de la muerte.

Pero aquella experiencia íntima se expande hasta convertirse en una meditación sobre el nacimiento, el movimiento y la muerte. La hija deja de ser únicamente una figura familiar y adquiere una dimensión simbólica: encarna una vida que irrumpe, se transforma y parece sustraerse, aunque sea por un instante, a la fatalidad de su propia desaparición.
"Hija tan estás desnuda tan extrañamente viva que/ parece nunca fueras a morir" , escribe Díaz-Casanueva. Y más adelante aparece otra imagen de esa misma fuerza regeneradora: "para que el trigo salga otra vez silbando a los niños" . Entre ambas imágenes se condensa buena parte de la tensión del libro: la conciencia de la muerte y, al mismo tiempo, la insistencia de la vida en recomendar.
La danza funciona como uno de sus núcleos simbólicos: frente a la inmovilidad y la muerte de libros anteriores como "Réquiem" (1945) y "La estatua de sal" (1947), el cuerpo que gira representa movimiento, transformación y comienzo.
El libro pertenece además a una zona de transición de su obra: conserva el largo aliento y la exuberancia verbal de "El blasfemo coronado" (1940), pero ya anuncia la concentración de la poesía posterior.
En su trasfondo se reconocen las preocupaciones filosóficas que marcaron al autor, particularmente su diálogo con Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. La presente reedición cuenta con un prólogo de Diego Sanhueza Jerez.
El verdadero vértigo del libro está, sin embargo, en su lenguaje. Díaz-Casanueva convierte aquella escena concreta en una sucesión de imágenes que parecen desprenderse unas de otras: espejo, cuerpo, tierra, sangre, luz, nacimiento y muerte entran en una corriente lírica de fuerte intensidad visionaria.
Hay una estética surrealizante, pero no un surrealismo reducido al automatismo: las asociaciones insólitas, las paradojas y las metamorfosis están atravesadas por una constante interrogación sobre la existencia.
El poema piensa mediante imágenes y las imágenes, a su vez, parecen pensar por cuenta propia. Publicado en el Chile de 1954, el mismo año de "Poemas y antipoemas" de Nicanor Parra, "La hija vertiginosa" siguió una vía distinta de las tendencias más reconocibles de la poesía chilena: hermética, metafísica, alucinatoria y profundamente personal.

No es solo el registro poético de una escena entre padre e hija, sino la transformación de esa escena en una experiencia del tiempo: la muchacha que baila frente al espejo parece ignorar todavía que habrá de morir, mientras el poeta contempla precisamente ese instante de plenitud. De ahí su singularidad y su fuerza: hacer del movimiento una forma de resistencia frente a la muerte.
+ INFO
"La hija vertiginosa", obra de Humberto Díaz-Casanueva, publicada por Bordelibre Ediciones. Santiago, Chile, año 2019 (116 páginas).












