Publicada en 1969, "Tirinea" fue la primera novela de Jesús Urzagasti (1941-2013) y el punto de partida de una de las propuestas más singulares de la narrativa boliviana de la segunda mitad del siglo XX.
Tirinea: la escritura como territorio
Jesús Urzagasti debutó en la literatura con esta obra, que desafía las corrientes narrativas de su tiempo al explorar el paisaje y la memoria del Chaco boliviano.

Escrita entre febrero y junio de 1967, apareció por primera vez en Argentina bajo el sello Sudamericana, por iniciativa del escritor y ensayista argentino Héctor A. Murena, quien, durante una estadía en La Paz, leyó el manuscrito y promovió su publicación.
El hecho no deja de ser significativo, ya que en aquellos años resultaba poco frecuente que un narrador boliviano debutara en una editorial de semejante proyección continental.
Su escritura coincidió con el auge del llamado "boom" latinoamericano, aunque Urzagasti sostuvo que su interés no era incorporarse a ese fenómeno editorial, sino encontrar "una nueva manera de encarar la realidad, una nueva manera de traducirla en palabras".
Desde esa convicción, "Tirinea" se aparta de las corrientes narrativas entonces dominantes para desarrollar una búsqueda propia, estrechamente vinculada al paisaje del Chaco boliviano y a una reflexión constante sobre la memoria, el tiempo y la escritura.
Más que una novela de argumento lineal, "Tirinea" propone un recorrido por una geografía imaginaria cuyo nombre -según contó el propio Urzagasti- se le reveló en un sueño. En ese espacio se entrecruzan las voces del joven Fielkho y de un viejo que dialogan, escriben, evocan el paso del tiempo y escuchan sonatas de Johann Sebastian Bach.
La escritura ocupa el centro del relato: es el lugar donde el protagonista intenta comprenderse a sí mismo y donde los límites entre memoria, imaginación y experiencia comienzan a desdibujarse. El paisaje chaqueño, lejos de funcionar como un simple escenario, adquiere una dimensión simbólica que acompaña ese proceso de exploración interior.
Uno de los rasgos más distintivos de la novela reside precisamente en la manera en que organiza su materia narrativa. Urzagasti no persigue el desarrollo de una intriga convencional ni la experimentación formal entendida como exhibición de recursos.
La progresión del relato depende, sobre todo, de una voz que avanza por asociaciones, evocaciones y desplazamientos del pensamiento. Los hechos importan menos que la forma en que son recordados o imaginados, de modo que el lenguaje deja de ser un instrumento para narrar y pasa a convertirse en el verdadero espacio donde la novela encuentra su sentido.
Es en la prosa donde "Tirinea" revela uno de sus aspectos más característicos. Puede hablarse de una escritura de filiación barroca, no tanto por la abundancia de imágenes como por la amplitud de su sintaxis, la flexibilidad de sus períodos y la cadencia con que las frases desarrollan una percepción o una idea.
El léxico alterna registros cultos y resonancias de la oralidad, mientras las imágenes se suceden con naturalidad, sin perder nunca el hilo reflexivo del relato. Un breve pasaje permite advertir esa respiración verbal, donde conviven el humor, la extrañeza y la introspección:
"Yo soy el fulano que ha tomado la famosa fotografía del caballo con tres patas y como tal me siento sumamente orgulloso; será por eso que no abandono mi habitación desde donde vicho el cielo. Me vuelvo muy parador cuando desde mi habitación melancólica echo una mirada capciosa al cielo y paso mis manos por mi cabellera enigmática y disipo así el tiro de gracia de mi locura".
La densidad de esta escritura responde menos a un afán ornamental que a la voluntad de convertir el lenguaje en el ámbito donde la realidad se transforma y adquiere nuevos significados.
Desde esa perspectiva, "Tirinea" puede ponerse en diálogo con una tradición del barroquismo narrativo latinoamericano que incluye las llamadas novelas gaseiformes del cubano Enrique Labrador Ruiz y, varias décadas después, "La Linares" del ecuatoriano Iván Égüez.

Más allá de las diferencias entre estos proyectos, en los tres casos el lenguaje adquiere una autonomía que desplaza el peso de la narración hacia la construcción verbal y la imaginación. Con el paso de las décadas, "Tirinea" ha sido incorporada por la crítica entre las quince novelas fundamentales de Bolivia.
Su primera edición argentina, así como la temprana atención que recibió de lectores como Alberto Girri y Rodolfo Alonso, contribuyeron a situarla desde temprano fuera del estrecho marco nacional.
Sin embargo, más allá de su recepción, el interés de la novela reside en la coherencia de su proyecto estético: una obra que hizo de la escritura su principal asunto y que, al margen de las tendencias de su tiempo, propuso una forma personal de explorar la memoria, el paisaje y la experiencia mediante una prosa de notable elaboración formal.
+ INFO
"Tirinea", obra de Jesús Urzagasti, publicada por Plural Editores, Bolivia, año 2012 (112 páginas)












