El "Pingüino" Serra (Alfredo Serra), querido compañero de redacciones, fue a entrevistar a Pablo Neruda y no pudo conseguir la nota. Pero, como para el periodista de aquellos años, y de aquellos códigos sobre el trabajo y la función, no había fracasos, había un imperativo, Alfredo hizo una nota sobre lo que no pudo hacer. Sobre el final, su nota decía (cito de memoria): "Tal vez Neruda nunca se entere que estuve aquí en la puerta de su casa". El poeta ya era una montaña en la literatura, las letras menudas y la historia definitiva del idioma y su constancia: cambia y vuela. En la distancia todavía provocaba pulsiones elementales en un periodista con callos, como Serra.

































