Las imágenes volaron por el mundo con rapidez: Lamine Yamal, uno de los mejores futbolistas del momento, enarbola la bandera palestina y la sostiene ante todos y ante todas las cámaras. La bandera de Palestina ondea en sus manos, en lo alto de un mástil de caña, y la pasea en un vehículo descubierto. El Barça salió campeón, y su jugador se posiciona públicamente. Es un ejemplo a seguir.
Cada uno con su bandera
Lamine Yamal, el astro del Fútbol Club Barcelona, el Barça, hizo ondear ante el mundo la bandera palestina durante la rúa con la cual festejaban haber ganado La Liga.

Lamine Yamal en realidad defiende lo suyo, su propia sangre, y demuestra que ni la gloria futbolera ni la sobreabundancia de dinero son razones para abandonar los orígenes. Tiene 18 años. La gran mayoría de la población palestina es musulmana, y Lamine Yamal es musulmán y profesa con rigor los principios musulmanes.

El Barça había salido a festejar, por las calles de Barcelona, que se coronaba campeón de la La Liga después de ganarle dos a cero al Real Madrid. Un hincha le acercó la bandera palestina y Lamine Yamal la hizo ondear durante la rúa. El ministro de Defensa de Israel criticó con dureza al jugador blaugrana, que al fin y al cabo no hacía más que defender lo suyo.
Mientras tanto, en Palestina pintaban un curioso mural sobre una pila de escombros. El mural llama la atención porque Lamine Yamal está con una camiseta poco habitual, medio campo rojo y medio campo azul, blaugrana, por supuesto, y me hizo acordar a la de Colón, parecida. Un mural similar apareció también en Dublin, Irlanda.
Este es un caso más que reabre el debate sobre cuál debería ser la actitud de los jugadores de fútbol ante la realidad, en especial cuando esta realidad les compromete personalmente, o cuando pueden contribuir de alguna manera a mejorar lo que sin duda está mal y necesita la ayuda de todos. Hay que pensar que el jugador tiene un deber moral hacia la comunidad porque de ella se alimenta.

Unos días antes de aquel clásico que quedaría marcado en el calendario con la bandera palestina, se supo de la colaboración de dos hospitales argentinos con otros dos de Palestina, uno de Cisjordania y el otro es el Hospital Nasser, de triste recuerdo, en Gaza. Fue para una investigación en la que también colaboraron hospitales de otros países (*).
Por parte de Argentina participaron el Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez, de Rosario, y el Hospital de Urgencias, de Córdoba. En total fueron 85 hospitales de 32 países, tanto países ricos como países medios y países pobres. Estudiaron la evolución de 237 pacientes de entre 1 y 18 años que habían sufrido un traumatismo abdominal grave y que necesitaron cirugía por este motivo.
La media de edad de estos pacientes fue de 16 años, y en su mayoría fueron varones. En algo más de la mitad de los casos, el traumatismo abdominal fue contuso, es decir, sin herida a la vista, mientras que en el resto fue un traumatismo penetrante, con herida. Todos necesitaron cirugía abdominal.

Tal como era previsible, la evolución del paciente fue mejor en los países donde es más fácil y más rápido el acceso a un hospital de suficiente nivel, bien equipado y con el personal adecuado. En cambio, la evolución fue peor, y la mortalidad más alta, en los países con sistemas sanitarios menos avanzados.
Esta conclusión puede parecer obvia según la opinión de algunos, pero la ciencia no se basa en opiniones sino en evidencias, hechos y observaciones de rigor científico, y esto requiere investigación seria, la cual a su vez requiere organización seria y financiación en serio. En este caso, organización y financiación vinieron de Londres.
La investigación se hizo entre 2024 y 2025. Sus resultados dejan bien a la vista una vez más que el acceso fácil y rápido a la sanidad pública, y una sanidad pública bien preparada, son dos políticas sanitarias de las cuales depende la evolución e incluso la vida de las personas, en este caso, de chicos y adolescentes.
Para valorar el grado de desarrollo de los países (más ricos o más pobres, más avanzados o menos avanzados), los investigadores se basaron en el Índice de Desarrollo Humano (HDI, por sus siglas en inglés). Según este índice, en 2023, Argentina ocupaba el puesto 47 (de 193 países).
Este índice valora parámetros como la expectativa de vida, la educación, la salud, los ingresos per cápita, etc. Aplicando este mismo índice a las provincias argentinas, Santa Fe ocupa el puesto 13 (sobre 24), según información oficial de 2021, la última disponible.
De aquí se desprende que no estábamos tan mal, pero que sin duda hay que mejorar. Y para mejorar, como nada cae del cielo, cada uno debe arremangarse y agarrar la bandera en defensa de todo aquello que nos es propio. Y aprovechar todas las circunstancias para decir que esto es mío y lo voy a defender.
(*) "Global variation in injury patterns, interventions, and post-operative outcomes for children and adolescents undergoing trauma laparotomy: an international cohort study". The Lancet Child and Adolescent Health (07/05/26).
La bandera del médico de familia
Así como la bandera palestina en manos de este gran jugador de fútbol pasó casi desapercibida para el público local, y es fácil imaginar por qué, también pasó desapercibida una efeméride que nos interesa, y que también quiero rescatar.
El pasado 19 de mayo fue el Día Internacional del Médico de Familia, y la presidenta de la Organización Mundial de Médicos de Familia es una médica argentina que estudió en Rosario. La doctora Viviana Martínez Bianchi egresó de la Universidad Nacional de Rosario en 1990.
El día 19 enarboló la bandera del médico de familia y en una prestigiosa revista médica internacional publicó una carta para defender la importancia del médico de familia. Y la importancia de formar médicos de familia, y de contar con ellos.
"Algunos de los momentos más significativos de la atención médica son silenciosos: una pausa, un gesto, un silencio compartido. El contacto visual, el tono de voz y el contacto físico no son elementos secundarios. Son fundamentales para la relación terapéutica entre el médico y su paciente", afirma la doctora en su carta.
En un contexto nacional donde la formación de médicos no interesa tanto como los números, y donde la formación de especialistas tampoco interesa tanto como los mismos números, la figura del médico de familia adquiere cada vez más relevancia. El contexto provincial, en cambio, asume buena parte de lo que el contexto nacional desprecia.
El médico de familia es un médico que hizo una especialización en aquella mayoría de situaciones o enfermedades que afectan a la mayoría de las personas de una comunidad, incluyendo niños y embarazadas. Por tanto, es un profesional necesario, y mucho, sobre todo para la atención primaria.
Lamine Yamal son sus nombres, Nasraoui Ebana son sus apellidos. De origen humilde e inmigrante, este adolescente pasó sus primeros años en el barrio de Rocafonda, pobre y periférico, de la ciudad de Mataró, a 28 kilómetros de Barcelona.
Sus dos nombres honran a dos personas que ayudaron económicamente a la madre cuando estaba embarazada. Con toda probabilidad fue un médico de familia del barrio quien veló por sus vacunas, por su desarrollo y por las enfermedades infantiles que tal vez tuvo.













