¿Qué es la distancia? Me pregunto, mientras el gato permanece agazapado observando las piruetas de la libélula azul, calculando el momento para el salto, para saborear el breve aleteo aquietándose en las fauces. La tarde consume su esplendor entre los contornos de los cipreses y la marejada floral de la salvia.
¿Qué es la distancia?
La distancia no solo se mide en metros, también en emociones y recuerdos. Un viaje introspectivo que invita a reflexionar sobre la cercanía y la soledad cotidiana.

Un sacramento insondable persiste en el aire, diluye gradualmente la claridad de los sentidos y hunde mi conciencia en la recóndita geografía interior donde los arquetipos y los dilemas se escabullen, emergen subrepticiamente, se repiten incansables.
¿A cuántos pasos estoy de mí misma? ¿Dónde moran los regocijos de la infancia? ¿Cuál es el itinerario que me devuelve a tu corazón? ¿Detrás de qué árbol aguarda la muerte? En lo intangible, la amplitud puede medirse en ganas de mirar a los ojos y abrazar, y también en ausencias y silencios, en intervalos precisos de vacíos que no quiero llenar.
Distancia es esta soledad donde contemplo el canibalismo lento de las horas, y se instaura una línea de versos que va dibujando mundos indefinidos, amores que templan la piel y el alma, significados que se prenden y apagan en lo íntimo como moléculas luminosas.
Hay un atisbo azucarado en las diminutas frutas moradas de maqui al alcance de mi mano o en la maternidad madura o en la comisura de los labios que amagan la sonrisa.
Hay cercanías que no son del cuerpo, instancias pobladas de ternuras que ansían la templanza de la voz desintegrando latitudes y horizontes. Desde lejos escucho el transcurrir del río…
Puedo percibir sus lenguas añiles hablándole a las algas, las rocas y los peces, llamando mi destino de agua dulce. Proximidad y distancia son simples plusvalías, apreciaciones, distorsiones que destruyo y que reinvento, hasta encontrar la bondad en el hueco que me duele.
Indago la fecundidad de mi existencia y allí también encuentro tu semilla, renaciendo, germen que nutre y me trasciende. Entre lágrimas y risas el espejismo pendular se desvanece. La extensión se apacigua hasta tornarse mansedumbre y corporizarse en un poema. Un maullido complacido augura los límites deshechos y el juego que retorna al punto de partida.
¿Qué es la distancia? Quizás una bisagra abierta a coincidencias, a cielos despejados, a afectos desandando los desiertos. El crepúsculo ronronea su tímida belleza. Oscurece lentamente y en mi esencia trepidan los anhelos como un signo vital, como un destello.












